Es común que el ahora presidente Petro se desaparezca y que sus fugas siempre estén acompañadas de misterio. 

En marzo de 2020, cuando el país estaba confinado por la expansión acelerada del COVID-19, Petro viajó a Cuba vía Panamá.

LOS IRREVERENTES publicaron la historia del viaje -que el presidente realizó en compañía de una de sus hijas- y de inmediato la extrema izquierda colombiana puso en marcha una vulgar campaña para desviar la atención. 

Es importante que lea ¿Dónde está Petro?

La situación no era menor. Petro, que en ese momento era Congresista, estaba obligado a pedir autorización del Senado para ausentarse del país. No lo hizo. Durante varios días guardó silencio y reapareció para informar que se encontraba en la isla de los Castro adelantando un tratamiento contra el cáncer. 

Enfermedad que desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Gustavo Bolívar, que tiene las características de los palafreneros, se apresuró a decir que el cáncer estaba curado gracias al “legrado” que le fue practicado al misterioso paciente. ¡Legrado!

La jugada fue perfecta. ¿A quién se le podría ocurrir impulsar una sanción contra Petro por haber viajado sin permiso y en plena pandemia, si estaba atendiendo una urgencia médica?

Regresó a Colombia y meses después concedió una entrevista radial. Espontáneamente el locutor Néstor Morales le preguntó en qué lugar se encontraba. Petro respondió que en su casa en las afueras de Bogotá. Mentira. Estaba en Italia. 

A pocos días de su posesión volvió a perderse. El país esperaba que anunciara los nombres de los ministros que hacían falta. Nada se supo de él. Para “calmar” los rumore, publicó un video en la sierra de la Macarena, el cual había sido grabado días antes. 

El silencio dio pie para las especulaciones de todo tenor. Resurgieron las habladurías sobre su estado de salud. 

Quizás estaba preparándose para asumir la inmensa responsabilidad que le delegó la mayoría ciudadana. 

Pero nueve días después de su posesión se conoció una nueva desaparición. Debía atender la más importante de las ceremonias militares. Todas las Fuerzas y la Policía lo reconocerían como su nuevo comandante supremo. La cúpula de las FF.MM. y policía tomaría posesión formal. 

Y Petro perdido. 

En cuestión de horas surgieron versiones que chocaban entre ellas. La Casa de Nariño mandó a decir que el presidente estaba atendiendo reuniones importantísimas. Después aseguraron que no habían terminado de redactar los decretos de nombramiento de la nueva cúpula militar y de la policía. 

Petro, en cambio, le aseguró a un periodista que estaba con dolor de estómago (¡!).

Cuando un gobernante justifica sus desapariciones con toda suerte de versiones inverosímiles se abre la puerta para que los ciudadanos empiecen a teorizar. ¿Está enfermo? ¿No cumplió sus compromisos de Estado por andar de juerga? ¿Tiene problemas emocionales? Como bien lo planteó la prestigiosa periodista Salud Hernández-Mora: “El nuevo presidente tiene un problema serio, inconfesable. Y acaba de empezar”. 

La fórmula es infalible: ante el exceso de suspicacias, exceso de transparencia, algo que va a ser muy difícil lograr de Gustavo Petro que es un mentiroso enfermizo y un manipulador de talla mayor.

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 19 de 2022