La inseguridad en Bogotá ha llegado a límites intolerables: la sevicia con la que el hampa actúa, tiene aterrorizada a  toda la ciudadanía. Ese comportamiento criminal, tristemente generalizado en toda la ciudad, de primero disparar a matar y después robar, se ha convertido en el modus operandi de las bandas que se pasean orondas, patrullando las ciudades, seleccionando a su siguiente víctima. La pobreza que hoy ronda en un gran número de hogares, ha hecho una profunda mella en nuestro país, ha convertido a la capital del país y a sus principales ciudades en un laberinto sin salida: salir a la calle y contestar una llamada desde el celular, es ahora considerada una actividad de alto riesgo.

Los indicadores de inseguridad en Bogotá siguen disparados. Los robos a mano armada, el hurto a residencias, el robo de celulares, vehículos y motos son el pan diario de la ciudad. Sin embargo, mucho más preocupante aún, la gravísima situación que se ha presentado en las últimas semanas, donde los damnificados de los delincuentes son los niños y los más jóvenes. Las noticias sobre casos aberrantes como el de Laura Jimena, la niña  de 14 años, residente de la localidad de Bosa, que recibió un impacto de bala en su espalda por negarse a entregar su celular, o el de los niños estudiantes del Liceo Francés que fueron atacados a cuchillo para despojarlos de sus morrales o las decenas de casos similares conocidos, demuestran que, efectivamente, no existe una zona de la ciudad que pueda estar tranquila: la delincuencia ataca por igual sin importar el estrato socioeconómico y ahora, tiene como nuevas víctimas preferidas a los niños  y los más jóvenes.

Los delincuentes se aprovechan de la inocencia de los niños. Ellos, sin prevención alguna, sacan su celular o sus objetos de valor, cargan en sus maletines, equipos necesarios para sus clases, como calculadoras o incluso las mismas tabletas entregadas por las secretarías de educación, para recibir las clases durante la etapa de virtualidad, situación que es conocida y aprovechada por las bandas delincuenciales, para atacarlos sin misericordia alguna. Los delincuentes están dispuestos a arrebatarnos la vida de nuestros niños por unos cuantos pesos y eso, no podemos permitirlo.

El regreso a clases presenciales de la mayoría de los colegios y universidades del país, plantea un nuevo reto para las autoridades: es necesario garantizar la seguridad de nuestros estudiantes, se requiere de la presencia permanente de la policía en los alrededores de las instituciones educativas, hay que reforzar el sistema de monitoreo instalando más y mejores cámaras de vigilancia, conectadas con el centro de Control de cada ciudad. La delincuencia se está ensañando con ellos y es necesario que el Estado, en todas sus instancias, se centre en su protección, ataque de manera contundente a las bandas dedicadas a atacarlos y sobre todo, que el aparato de justicia del país, imponga penas ejemplarizantes, para quienes ataquen a nuestros niños. No cabe ningún tipo de rebaja en las penas, ni de beneficios para estos delincuentes. El éxito de toda sociedad se mide por su capacidad de proteger a los más vulnerables y en esto, vamos perdiendo la partida.

@JcolmenaresE

Publicado: octubre 3 de 2021