La célula que resulta de la unión del espermatozoide y el óvulo se denomina zigoto. A los 10 días el zigoto con su información genética, DNA, se transforma en embrión. Es la fase inicial de la reproducción y podemos afirmar que nació la identidad. El periodo embrionario dura hasta la semana 10. Desde esa época con los órganos ya formados el feto empieza a crecer. La placenta y su vaso comunicante, el cordón umbilical, suministran la energía del desarrollo. El tubo neural, precursor del sistema nervioso, se cierra a la 4 semana. Desde la semana 12 las gestantes sienten sus movimientos. A las 24 semanas puede sobrevivir por fuera del útero.

El dolor es una experiencia objetiva y subjetiva. Se piensa que, en la primera fase de formación, cuando empieza el proceso de desarrollo de la vía dolorosa puede trasmitir las sensaciones en el feto. Estas respuestas de retiradas cuando se toca el feto y sus alteraciones autonómicas acompañantes se inician desde la séptima semana. Aparece este tiempo un transformador neurológico muy importante, como una estación de relevo, el tálamo. Es el encargado de transmitir las sensaciones hasta la corteza cerebral y esta función empieza desde la semana 12. Luego viene un proceso desde esta estación y es cuando el estímulo doloroso pasa hasta la corteza cerebral. Finaliza en la semana 23 el periodo de integración.

Para hacerlo más simple pensemos en un circuito eléctrico que tiene tres estaciones: espinal (7 semanas), talámico (12 semanas) y cortical cerebral (16 semanas). Este cableado progresivo le permite al feto sentir los estímulos desde una forma inicial rudimentaria hasta una forma más desarrollada en la semana 23. Por supuesto que las conexiones siguen madurando hasta completar las vías del dolor que nos acompañan toda la vida.

La cirugía fetal ha sido uno de los grandes avances de la medicina. Es corregir in-útero algunas malformaciones congénitas. En mi especialidad tiene importancia el mielomeningocele en donde la columna del feto no se cierra completamente y por ahí protruyen los elementos nerviosos: medula y raíces. Se ha realizado desde hace varios años y se presume que disminuye el riesgo de infección en el útero y la gravedad de la parálisis de las piernas. Es fundamental el entrenamiento del grupo de anestesia maternofetal para que se garantice el tono uterino y la protección de la placenta. Es esencial que el feto no sienta dolor. Esta preocupación es la constante en los grupos de trabajo de este tipo de procedimiento.

La sentencia de la Corte Constitucional permite plantear varios interrogantes: ¿se pensó en el dolor del feto? El proceso neurobiológico expuesto que apenas estamos comprendiendo, nos permite afirmar que el feto es sujeto de atención médica con derecho a que su dolor sea controlado.

Escuché en un conversatorio la descripción de la interrupción de embarazo en la semana 22 que narró un Ginecoobstetra, compañero de la Academia Nacional de Medicina. Su relato iza todas las fibras: con guía ecográfica se introduce una aguja  en la cavidad del líquido amniótico, redondel sagrado de recogimiento, se inicia la sesión. Se ve el bebé moviéndose y si por alguna circunstancia se toca hay aumento del pataleo, se detecta taquicardia. La garrocha dirigida busca el corazón pulsátil y quien lo hace, cual picador, inyecta cloruro de potasio. Este produce paro cardiaco. El efecto es rápido, pero no podemos precisar el tiempo. Cuando han pasado un periodo corto se diagnostica muerte fetal y se procede la evacuación del bebe fallecido.

En esa agonía del ser in-útero quejumbroso gritará desde la laguna amniótica mancillada: ¿Por qué? Lo confieso: no haría una interrupción del embarazo. Mis valores y principios lo impedirían. Esto es objeción de conciencia. La sentencia de la corte abrió esta esclusa para decir no. No se puede obligar a los médicos que degollen sus principios y que caminen por la delgadísima línea trazada de la ética.

Aceptaba en su totalidad la interrupción voluntaria del embarazo como derecho fundamental de adolescentes y mujeres mediante la sentencia C-355 de 2006 y sus tres causales conocidas. Pero esta nueva sentencia y el alargamiento del tiempo hasta la semana 24 choca contra el derecho a la vida como valor supremo. No la comparto.

Diptongo: La extralimitación de nuestra Corte Constitucional produce dolor en el alma. Imaginen la agonía del feto y el desconsuelo de mis colegas.

@Rembertoburgose

Publicado: marzo 11 de 2022