Un acto de nauseabunda deslealtad, el exasesor político de Rodolfo Hernández, un sujeto llamado Oscar Jahir Hernández, confirmó lo que muchos sospechaban: que el excandidato presidencial hizo todo lo que estuvo a su alcance para no ganar frente a Gustavo Petro.

En palabras del asesor traidor, el ingeniero se asustó frente a la posibilidad de ser elegido como presidente de la República. 

La revelación, ante todo, pone en evidencia el talante asqueroso por quien recibió el voto de 10.6 millones de colombianos que veían con físico terror que Petro fuera presidente del país. También queda mal el asesor delator. Ya saben los políticos santandereanos a lo que se exponen si cometen la estupidez de acudir a los servicios profesionales de ese individuo. 

El ingeniero Hernández, además de ser una persona de pésima calidad humana, es un hombre oscuro al que la justicia no puede seguir encubriendo. Son muchos los delitos cometidos por él y por sus intrépidos hijos que hasta el momento siguen en la impunidad. 

Rodolfo Hernández es un hombre oscuro y muchas personas que lo han tratado no dudan en afirmar que es peligroso, y no se refieren a su carácter explosivo y su incapacidad mental para controlar sus impulsos, sino a las acciones que ha emprendido en el pasado para asegurar el silencio de cómplices o posibles delatores. 

Hace poco se conoció una nueva maniobra suya para tratar de sobornar un juez laboral que con valentía ha denunciado que le ofrecieron una multimillonaria coima para que fallara a favor de los intereses de Rodolfo Hernández. 

Se ha sabido que él y su hijo Luis Carlos, que es un hombre que se mueve como pez en el agua en el bajo mundo de los casinos y las casas de apuestas, siguen haciendo negocios turbios como el del contrato del manejo de las basuras de Bucaramanga, negociado por el que Hernández está llamado a juicio y en el que se pactó una astronómica comisión a favor del primogénito del exalcalde de la capital santandereana y excandidato presidencial. 

Se ha especulado con la tesis de que Hernández renunció al Senado para no quedar inhabilitado en las elecciones regionales que tendrán lugar en octubre del año entrante. Se dice que quiere ser gobernador de su departamento, donde obtuvo 871 mil votos, un respaldo impresionante, casi 3 veces mayor que el que los electores de Santander le dieron a Petro. 

Es innegable que Hernández goza, o gozaba, de gran simpatía en su región. Lo que no se sabe es hasta qué punto ese afecto se ha deteriorado por cuenta de las acciones sucias que se le han visto con posterioridad a las elecciones presidenciales. 

Lo cierto es que como candidato a la gobernación o como aspirante a la alcaldía de Bucaramanga, la ciudadanía tiene el deber de castigar severamente a ese candidato corrupto, miserable, tramposo y estafador que engaño a millones de ciudadanos que vieron en él la alternativa para impedir la victoria de Petro. 

Rodolfo Hernández no cautivó con su discurso a los más de 10 millones de colombianos que votaron por él. Él logró congregarlos porque fue la persona que apareció en el tarjetón enfrentando a Petro. El resultado habría sido el mismo si en la tarjeta electoral hubiera estado cualquier otra persona. Aquel no fue un voto a favor de alguien, sino en contra de la amenaza comunista que terminó imponiéndose. 

Así que ni judicial ni políticamente el ingeniero Rodolfo Hernández, el Abdalá Bucaram colombiano, puede quedar impune. Que la justicia le aplique la más de las severas sanciones por los actos de corrupción en los que ha estado involucrado, y que los ciudadanos le propinen, en las urnas, la paliza que merece recibir. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 1 de 2022