Carlos Lleras de La Fuente brillantemente, para uno de los volúmenes de sus memorias, escogió el título “Sin engañosa cortesía”. 

Y así debe hacerse la oposición al atrabiliario Gustavo Petro cuyo régimen da angustiantes muestras de autoritarismo e intolerancia frente a las voces críticas. 

El 26 de septiembre tuvo lugar la primera marcha ciudadana en contra del gobierno. Miles de colombianos en distintas ciudades del país se volcaron a las calles para expresar su insatisfacción frente a las políticas socialcomunistas.

Petro no puede olvidar que la mitad de Colombia votó en contra suya. Su gobierno llegó con una agenda retardataria que amenaza contra la estabilidad nacional. 

La reforma a la salud prevista por la extremista ministra de Salud acabará con la seguridad social de millones de personas. 

Carolina Corcho pretende devolver al país al escenario previo a la ley 100, donde el servicio de salud era controlado por el gobierno. La corrupción era rampante y la cobertura, que hoy es de cerca del 100%, escasamente llegaba al 30%. 

La reforma tributaria también despierta rechazo ciudadano. Petro y los suyos le apuntan a asfixiar a millones de personas para recoger fondos con los que pretenden financiar sus aventuras populistas. 

Petro se ha burlado en la cara de los opositores. Su oscuro ministro de Defensa amenazó a quienes se disponían a marchar, haciendo necias advertencias con las que claramente intentó bajar el ánimo de los manifestantes. No dio resultado: miles de ciudadanos expresaron su legítimo descontento. 

A diferencia de la horda violenta que respalda a Petro, los opositores colombianos de hoy son personas decentes que expresan su insatisfacción sin acudir a la violencia ni al terrorismo. 

Las marchas petristas contra el gobierno de Iván Duque fueron expresiones violentas: policías que fueron quemados vivos, niños que murieron en ambulancias por cuenta de los bloqueos de carreteras, sistemas de transporte público totalmente destrozados, almacenes saqueados y ciudades sitiadas por facinerosos. 

La marcha del 26 de septiembre fue una bella muestra de patriotismo y civilidad, reglas que deberán seguir imponiéndose en las manifestaciones futuras. 

La extrema izquierda es violenta e intolerante. Con amenazas, insultos, acosos y agresiones pretende silenciar a la oposición. Mientras quede algo de libertad en Colombia, la gente debe seguir luchando por sus derechos. 

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 27 de 2022