La designación de Óscar Iván Zuluaga como candidato uribista a la presidencia de la República allana el camino para la consolidación de una coalición fuerte y con posibilidades reales de enfrentar y derrotar al socialcomunista Petro en las presidenciales del año entrante. 

Flaco favor a la defensa de la democracia le hacen esos mensajes de algunos precandidatos de la denominada ‘coalición de la experiencia’ tratando de cerrarle el camino al Centro Democrático. Ninguno de los integrantes de ese grupo supera el margen de error en las encuestas. Se trata de políticos sin estructura partidista, que andan por todo el país consiguiendo firmas que respalden sus respectivas candidaturas. 

Las elecciones se ganan consiguiendo votos y no emitiendo vetos. Grave, muy grave que el señor Juan Carlos Echeverri, que no tiene posibilidad alguna de ganar y de quien se sospecha ni siquiera podrá reunir las firmas para inscribirse ante la Registraduría, sea el principal promotor de la desunión. Dados sus antecedentes y su histórico maridaje con el santismo, no es estrambótico preguntarse si él, Echeverri, le está haciendo un mandado a Juan Manuel Santos. 

Todos los aspirantes deben ser conscientes de su propia debilidad. La realidad monda y lironda es que en la derecha no hay una sola figura que atraiga la atención de un número importante de electores. Si no se unen, se hundirán y con ello dejarán despejado el escenario para que la segunda vuelta sea entre Petro y el orate Rodolfo Hernández quien posa de independiente y de adalid de la moral, a pesar de los nauseabundos actos de corrupción en los que él y sus hijos han estado directamente involucrados. 

Los tiempos de la política son difíciles de entender por parte de los militantes de los partidos que a veces, llevados por las emociones, reclaman decisiones y acciones rápidas. Hay que permitir que las cosas se decanten, que las cargas se acomoden, que los procesos se acompasen con las coyunturas. 

El uribismo no puede equivocarse. Su candidato fue elegido en franca lid y en el marco de unas reglas de juego que fueron acordadas, verificadas y acompañadas por los 5 aspirantes que compitieron por esa designación. Los sinsabores, naturales por demás, que deja el resultado entre quienes le apostaban a alguno de los 4 derrotados, terminarán disipándose en aras de fortalecer la unidad del partido del presidente Uribe. 

Los procesos políticos no pueden enfrentarse sin tener en consideración la fortaleza de las colectividades y resulta insoslayable que el Centro Democrático es, de lejos, uno de los mayores electores del país, realidad que se mantiene a pesar de las dificultades por las que atraviesa, derivadas de la baja aceptación del gobierno y de la brutal persecución de que ha sido víctima el presidente Álvaro Uribe. 

Lo que está en juego no es un asunto de menor cuantía. Se trata de preservar el régimen democrático y para ello los ciudadanos esperan grandeza y generosidad de quienes pretenden someter su nombre al escrutinio popular. Una decisión en el sentido contrario tendrá consecuencias nefandas cuyo costo será impagable.

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 24 de 2021