La reforma agraria en la que trabaja el Gobierno Petro implica el fin del campo colombiano. Expropiación rural e inflación por doquier es lo que se avecina. La situación es crítica y, siendo realistas, poco o nada se puede esperar del contrapeso del Congreso. 

Aunque en campaña prometió hasta la saciedad no afectar la propiedad privada, este proyecto de reforma demuestra todo lo contrario. A través de una carga tributaria excesiva y una coerción institucional que difícilmente pueda soportar un ciudadano común y corriente, el Gobierno buscará apropiarse de la tierra en Colombia, a lo cual hay que sumarle un potencial efecto inflacionario que perjudicará a las familias más vulnerables. 

Y no, no es una exageración. Cecilia López, próxima MinAgricultura, ya dio las 3 principales líneas en torno a las cuales girará la reforma. La primera, busca modificar el catastro multipropósito para que los propietarios de terrenos agrícolas paguen más impuestos, lo cual va en concordancia con la intención de elevar la carga tributaria a las propiedades que el Gobierno considera improductivas. 

Es decir, la Nación terminará expropiando la propiedad rural a través de una tarifa impositiva tan alta que las personas no tendrán cómo pagarla y se verán obligadas a entregarle el terreno al Estado con tal de saldar la deuda con el fisco. 

La segunda, es la intención de llegar a “acuerdos” entre el Gobierno y los propietarios de terrenos dedicados a la ganadería para que estos los vendan. Nada más peligroso. Aunque en principio suene conciliadora la idea, lo cierto es que abre la puerta para que todo el andamiaje institucional termine coaccionando a las personas hasta que estas enajenen su propiedad. En otras palabras, me entrega la tierra a las buenas o a las malas.

La tercera, es un potencial cierre a las importaciones de bienes e insumos agropecuarios. Por ejemplo, López manifestó que Colombia no puede seguir trayendo maíz del exterior, a lo cual se pueden sumar otros productos que defina el Gobierno. 

Al respecto, a pesar que la idea de ser 100% auto-suficientes en materia alimentaria suene tentadora, hay que tener cuidado con los potenciales efectos adversos que traería acabar con estas importaciones. Por un lado, al depender exclusivamente del mercado local la competencia disminuiría y los precios de los productos se elevarían, afectando así a las familias de menor capacidad adquisitiva.

Por otro lado, acabar con las importaciones en este sector haría que los otros países tomen la misma medida con las exportaciones colombianas, dado que nadie permitiría que se vendan productos de una Nación que le cierra las puertas a sus bienes, afectando así buena parte de la producción agropecuaria que ha logrado ingresar exitosamente a los mercados internacionales.

Son tan graves las preocupaciones que acarrean las medidas que se pueden llegar a tomar en esta iniciativa que la tasa de cambio no para de subir. El mercado está muerto del susto y los únicos perjudicados serán los ciudadanos de a pie. Los inversionistas toman su dinero y lo llevan a otros Países, pero en Colombia se quedan los problemas.

@LuisFerCruz12

Publicado: julio 13 de 2022