Obsesión del socialismo, ensanchar al Estado, colmarlo de burocracia, asignarle responsabilidades imposibles de atender, cargarlo de obligaciones inimaginables con el fin de que termine convertido en un ente inviable y fallido

A los socialcomunistas de hoy les brillan los ojos ante la posibilidad de crear una maraña de entidades oficiales sin responsabilidad definida, pero con muchos puestos de trabajo. Que sea el Estado el mayor empleador, arrebatándole dicha función al sector privado. En vez de promover políticas que incentiven el emprendimiento de los particulares, por ejemplo con la reducción de impuestos, se la juegan por imponer gravámenes impagables para arruinar empresarios y desincentivar la inversión de capitales.

Petro llegó a la presidencia de Colombia prometiendo puestos de trabajo en el sector oficial para todos los que no puedan conseguir empleo en el mercado privado. Juró que condonaría las deudas contraídas con el ICETEX y, ahora, se ha empecinado con “fortalecer” a Satena, empresa industrial y comercial del Estado que es evidentemente fallida.

A mediados del siglo pasado, con el boom del transporte aéreo de pasajeros, los Estados empezaron a crear sus propias aerolíneas. En el Reino Unido, por ejemplo, el gobierno creó en los años 70 British Airways, empresa que estuvo al borde de la quiebra. En 1987 empezó su proceso de privatización para evitar su desaparición.

España creó en los años 20 del siglo pasado a Iberia, empresa que perteneció al Estado hasta mediados de la década de los 90, cuando entró en bancarrota. En el nuevo milenio inició un exitoso proceso de privatización.

Lo mismo sucedió con la italiana Alitalia. Perteneció al Estado desde su fundación en 1947 hasta 2008 cuando fue comprada por un grupo de inversionistas que la salvaron de la quiebra en la que se encontraba.

Como ejemplo de una aerolínea fallida, ineficiente, con un modelo de administración antitécnico está el caso de Aerolíneas Argentinas, empresa que a comienzos de los 90 fue privatizada -le fue vendida por el gobierno de Carlos Menem a Iberia-. Sufrió una tremenda crisis financiera y en 2008 Cristina Fernández de Kirchner impulsó un proyecto que desembocó en la estatización de la empresa.

El control de la empresa quedó en manos del gobierno que empezó a administrarla a través del ministerio de Planificación estatal. Los argentinos, en el año 2020, vieron cómo, del presupuesto público, salieron cerca de U$640 millones de dólares para cubrir parte del déficit de la empresa.

Moraleja aprendida: los Estados no tienen la experiencia para administrar una aerolínea, algo que Gustavo Petro se obstina en desconocer.

Satena organizó un vuelo para la ruta Bogotá-Caracas y el presidente emocionado advirtió que “este es el primer vuelo internacional de Satena en su historia. Dijimos en campaña que la convertiríamos en la gran empresa colombiana de Aviación y estamos cumpliendo”.

Petro falta a la verdad. En el pasado, Satena ha cubierto rutas internacionales. Eso es perfectamente verificable. Es común que el presidente de Colombia mienta. Su biografía es una colección de adulteraciones. El debate debe ser puramente técnico: ¿Es financieramente sostenible la operación de Satena? La respuesta se halla al revisar los casos de otros países que tuvieron que privatizar sus aerolíneas para cerrar la ‘vena rota’ en que se convirtieron. El asunto es de elemental estudio del mercado y, gracias a la tozudez de Petro, es altamente probable que en pocos meses los colombianos tengan que soportar que una parte de sus elevados impuestos se vaya al sostenimiento del capricho del gobernante socialcomunista.

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 10 de 2022