Hace unos días el presidente de EE.UU. lo calificó como “carnicero”… Se equivocó el Señor Biden; es simplemente un Dictador. Caben tantas palabras para definirlo: malo, frio, calculador, cruel y déspota. Se va uno a la infancia y lo primero que llama la atención en estos autócratas cuando niños era una ausencia de temor al miedo. Esto se relaciona con lesión estructural en la amígdala del lóbulo temporal: es más pequeña y tiene desde esa edad un mal funcionamiento. Son emocionalmente insensibles y no tienen sentimiento de culpa. No le trasnocha ese juez que llega en horas de la noche, que condena el comportamiento y firma la sentencia de culpabilidad que no deja dormir.

Su omnipotencia y autocracia la describieron muy bien los griegos en el Síndrome de Hubris, el ego amplificado y sus pensamientos delirantes, sin límites. Les molesta y se blindan ante las críticas. No se les puede contradecir pues el interlocutor es automáticamente su enemigo. No aceptan las opiniones y patean la humildad. Son narcisistas y piensan que no deben rendirle cuentas a nadie. La corte celestial no existe en su mente, hay que decirles si a todo. En imágenes y escenas les molesta la compañía, nadie les puede dar sombra. Son adictos al poder y las luces solo para ellos. Para brillar más apagan la del vecino, son hijos del maquiavelismo.

La otra característica del dictador fueron los griegos quienes la contaron en la mitología de Las Moiras. Se creen estos sátrapas dueños de la vida y del destino de los pueblos. Como Átropos, una de las tres divinidades que se sentía con el poder para cortar el hilo de la vida. Igual que las Moiras, los tiranos son temidos y reverenciados. No se les respeta.

Un mes desde la invasión rusa a Ucrania y los aspectos cuánticos no se comparan con los destrozos morales. Miles de muertos civiles (aproximadamente 3.000), millones de desplazados (4 millones), daños a la infraestructura y derrumbamiento de la economía. Las bombas y misiles atacan ferozmente, inmisericordes. Se habla de 150 niños sacrificados en los ataques. La vida no tiene nacionalidad: cerca de 12 mil soldados rusos han muerto. La invasión rusa: símbolo de la miseria humana.

Pero como es Putin, ese opresor hambriento y sediento de poder. Sin temor, nada le hace retroceder. Mirada gélida que paraliza al interlocutor, codicioso y mandón. Siempre hay una mesa delante de él cuando lo visitan los funcionarios extranjeros. Pusilánime ante las enfermedades y contagios. No ríe, no da la mano. Adicto al trabajo y a los deportes. Desconfiado y hostil. Carente de empatía. Neuronas espejo blindada ante la diversidad y la democracia. La manipulación de los medios hace que la población rusa vea al dictador como un mesías, símbolo y guardián de la pureza de sus costumbres. Se vende como un guerrero y la apariencia física le trasnocha. Ejercicios, baños con agua helada y montar a caballo sin camisa. Fanático del bisturí que rejuvenece y toquecitos de Botox.

La tiranía está muy cerca de la psicopatía. No tener miedo, la frialdad, la manipulación los acerca. Tiene en común con  los enfermos neurológicos a quienes una lesión les daña el lóbulo frontal. Pierden la capacidad de introspección y de preguntarse: ¿esto está correcto, es moral? Poco les importa el daño social que ocasiona una de las definiciones de psicopatía es la carencia de bondad. Para bombardear escuelas debe estar carente este rasgo tan especial en los humanos cuyo cerebro empático y natural busca hacer el bien.

Aparece un grave problema en los dictadores y es la falla en los juicios morales. Se piensa que esta deficiencia se debe a lesiones del lóbulo prefrontal y específicamente de la corteza orbito frontal, responsable de la toma de decisiones. Lesiones estructurales como problemas emocionales en la infancia son los orígenes. La niñez de Putin fue llena de dificultades, quizá el componente genético más la influencia negativa del entorno temprano catalizaron la transformación enzimática de dictador a psicópata.

¿El dictador nace o se hace? Es la pregunta que no hemos podido responder. Se sabe que el gen denominado AVRPI es más pequeño y es el responsable de la generosidad. Actúa este gen inhibiendo que la vasopresina u oxcitosina inunde los centros cerebrales de la recompensa. Se sabe que los centros de recompensa en estos tiranos se activan muy poco con las acciones generosas. Complementa con amígdala del temporal subdesarrollada y una singular audacia como escudera de la ambición arbitraria y sin límites. Entre más poder más egoísmo.

Diptongo:

En este ajedrez de la geopolítica imagine la partida donde se juega la soberanía e independencia de una nación: el cerebro empático de Zelensky o la mente reptiliana de Putin. ¿Quién ganará la libertad?

@Rembertoburgose

Publicado: marzo 31 de 2022