Que un precandidato presidencial que se acerca a los 80 años de vida, sin identidad ideológica ni maquinaria política, de origen provincial, este marcando porcentualmente en las encuestas presidenciales por encima de precandidatos curtidos en el mundo político y de candidatos de partidos políticos tradicionales, no solo es un fenómeno mediático, es mensaje claro de la ciudadanía de que algo no está bien el establecimiento nacional.

Rodolfo Hernández es tal vez la representación de la última generación de santandereanos que simbolizaban el “macho machote”. Rodolfo fuera de ser un exitosísimo empresario de la construcción, lo que le permitió convertirse en millonario, es un hombre vigoroso, valiente, pantalonudo, frentero, franco. Rodolfo fue validador de quién pretendía obtener el aval del Partido Liberal para aspirar a la Alcaldía de Bucaramanga, lo cual, sumado a la poderosa maquinaría que mantuvieron durante 20 años, lo convertía en candidato invencible en las urnas.

Rodolfo Hernández ganó la Alcaldía de Bucaramanga en las elecciones del 2015 gracias a la división del Partido Liberal, al apoyo público del expresidente Uribe, quien movilizó un importante voto de opinión, que sumado al que despertó su campaña con la poderosa y exitosa estrategia basada en el imperativo categórico del filósofo Kant “Logia, Ética y Estética”, la cual ejecuto desde su apartamento a punta de desayunos y almuerzos -servidos en mobiliarios al estilo de restaurantes de Barcelona- con lideres de barrios, presidentes de junta de acción comunal, y curiosos que se peleaban las invitaciones para departir con “el ingeniero”.   

 Su Alcaldía fue la antítesis de la tradicional forma en que se administran las alcaldías de Colombia. Nunca le interesó tener coalición en el Concejo ni ofreció participación burocrática en su administración para lograr gobernabilidad o minar la oposición. Desde su posesión demostró que su gobierno sería de simbolismos, lo que le permitió enviar mensajes constantes a la ciudadanía de que su gobierno era totalmente diferente a los ejercidos por los políticos tradicionales.

Puedo afirmar que no parceló las secretarías de despacho ni los institutos descentralizados, gobernó con sus amigos, con los empleados de confianza de su constructora HG; gobernó con su estilo y como se le dio la gana, no aceptó imposiciones ni agendas externas.

Rodolfo y su equipo de asesores -Los argentinos Hugo Vásquez y Guillermo Meque- sabían que, en estos tiempos mediáticos, de titulares, de redes sociales, era más importante que los lunes en la noche los dedicara a decapitar moralmente a toda la clase política, a sus propios funcionarios, a descalificar al presidente de la República, al Fiscal, Procurador y Contralor… en su tradicional programa “Hablemos con el Alcalde”, que dedicar tiempo a la planeación y ejecución de una obra de infraestructura que genera empleos, progreso, y desarrollo a la ciudad.

Lo demás lo sabe el país. Injurias, calumnias, golpes, populismo, demagogia, eso le dio prensa nacional, así no funcionara Metrolínea (SITM) o incumpliera con el gancho y promesa de campaña de construir 20 mil casas o lotes con servicios, de las cuales no construyó ni una sola.

Lo cierto es que en Bucaramanga mayoritariamente apoyan a Rodolfo Hernández porque él les dice a los políticos lo que ellos afirman en privado así Bucaramanga este hoy sumergida en el caos por donde se le mire y tenga las tasas de desempleo e informalidad más altas de Colombia. No importa, lo que importa es que tenemos “al ingeniero” lanzando madrazos, y diciendo una que otra verdad de a puño.

No se equivoquen. Rodolfo Hernández es un hombre inteligente, astuto, sabe lo que está haciendo, gusta, gana aplausos y seguidores cada vez que le abren un micrófono o lo suben a una tarima nacional como la que acaba de tener en el debate de precandidatos de la Revista Semana. En el área metropolitana de Bucaramanga tiene una intención de voto del 30%, eso desestabiliza las cuentas de todos los sectores políticos en una región importante en la elección presidencial. Si Rodolfo vence a su peor enemigo que es el mismo Rodolfo y llega legalmente vivo a marzo, puede pasar de ser un fenómeno mediático a ser un fenómeno electoral, y de paso, enredar la historia de la elección presidencial en un país que está en caos, fatigado, sin liderazgos que hablen con claridad y en el lenguaje de la gente de a pie.  

@LaureanoTirado

Publicado: noviembre 9 de 2021