146 millones de estadounidenses elegirán al 45° presidente luego de una campaña marcada por la impopularidad de los candidatos.

Termina una larga campaña política signada por las controversias y los grandes titulares, mas no por las propuestas de fondo de los aspirantes.

Al final de la carrera llegaron dos candidatos que cargan a cuestas tremendos índices de impopularidad. Hillary Clinton, quien aspira por segunda vez a la Casa Blanca luego de haber sido derrotada en las primarias demócratas de 2008 en las que de manera insospechada se impuso el hasta entonces casi desconocido senador Barack Obama, repite aspiración.

Durante el primera mandato de Obama, Clinton se desempeñó como Secretaria de Estado y su gestión se vio empañada por lo que sus críticos llamaron “caótica política exterior”. Al final de su gestión ocurrió un hecho por el que aún sus opositores le pasan cuenta de cobro: el asesinato del embajador estadounidense en Libia a manos de un comando terrorista.

Se daba por descontado que Hillary volviera a correr por la presidencia en 2016 dado que el vicepresidente de Obama, Joe Biden, declinó la invitación que en su momento le hiciera el partido Demócrata.

Así las cosas, a la exprimera dama el camino por la nominación de su partido le quedó despejado y pudo coronar su aspiración a pesar de la emulación que le planteó el candidato izquierdista Bernie Sanders.

El fenómeno Trump

Desde el momento en que Barack Obama anunció que quería ser presidente de los Estados Unidos, el magnate Donald Trump se constituyó en su principal crítico y enemigo. Señalándolo de ser un hombre de izquierda que no podía ocupar el cargo más alto que provee la democracia norteamericana porque según él Obama no había nacido en los Estados Unidos, Trump empezó a llamar la atención de los sectores más conservadores estadounidenses que paulatinamente empezaron a verlo como el candidato ideal para las elecciones de 2016.

En los Estados Unidos, país en el que impera el régimen bipartidista, es muy difícil por no decir imposible que un outsider pueda llegar a la Casa Blanca. O se corre por el partido Demócrata o se corre por el Republicano.

En el pasado, experiencias de independientes no han dado resultado. Es el caso del ambientalista de izquierda  Ralph Nader quien aspiró a la presidencia 4 veces, algunas como independiente y otras como candidato del partido verde. Nunca logró ganarse los votos de alguno de los 50 colegios electorales.

Algo parecido le sucedió al magnate del sector informático Ross Perot quien aspiró como independiente en las elecciones de 1992 y 1996.

A pesar de su programa conservador, no le fue posible alcanzar los votos de los republicanos, razón por la que en ambas aspiraciones obtuvo resultados magros.

Con esos ejemplos en mente, Trump entendió que su aspiración podría tener algún futuro si la tramitaba en el seno de alguno de los dos partidos. Esta vez se inclinó por el republicano. Inscribió su nombre y comenzó una competencia en la que enfrentó a 16 rivales que desde marzo de 2015 intentaron conquistar el voto de sus copartidarios.

Al comienzo, muchos creyeron que la aspiración de Trump se limitaba a un asunto de marketing, mas no a una candidatura que tuviera vocación de permanencia.

Pero poco a poco el precandidato fue consolidando un nicho electoral integrado por una masa de ciudadanos que desde hace bastantes años esperaba que en el escenario irrumpiera un candidato como él.

Alguien alejado al establecimiento partidista, políticamente incorrecto, sin tradición política ni compromisos de ninguna clase.

Con el slogan  de Make America Great Again (Hacer grande a América de nuevo), Trump conquistó el voto de la mayoría republicana, dejando tendidos en la arena a competidores con demasiado peso político como el exgobernador de la Florida Jeb Bush o los senadores Marco Rubio y Ted Cruz.

En la convención republicana, luego de haber obtenido 1441 delegados en las elecciones primarias de su partido, Trump resultó investido como el candidato oficial de su colectividad.

Empezó así una campaña entre Trump y Hillary Clinton quien desde el primer momento punteaba en todas las encuestas. Pero el paso de los días ha reducido esa ventaja, llegando al día de las elecciones con una tendencia a favor de Trump.

El New York Times hizo sondeos diarios desde el 1 de junio hasta el último día de la campaña, el 7 de noviembre. Esta ha sido la evolución mes a mes, de acuerdo con el diario de mayor circulación en los Estados Unidos.

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¿Cómo se elige?

El sistema electoral norteamericano no funciona de manera directa, sino indirecta. Cada uno de los estados (50 en total) tiene un número predeterminado de votos electorales. El candidato que saque más votos directos en cada estado, tendrá la totalidad de los votos electorales del mismo.

El sistema, como todo, tiene sus imperfecciones. Por ejemplo, se puede dar el caso en que un candidato tenga más votos populares, pero aquellos no le sirvan para obtener la mayoría de los votos electorales y pierda las elecciones, como sucedió en el año 2000 cuando el candidato demócrata Al Gore sacó medio millón de votos más que su rival republicano George Bush, pero éste le ganó al quedarse con 5 votos electorales más.

El colegio electoral de los Estados Unidos tiene 538 electores y gana la presidencia quien obtenga como mínimo 270 votos electorales.

Cada estado, de acuerdo con su densidad poblacional, tiene un número predeterminado de votos electorales. Así, California es el estado con mayor número de votos (55), mientras que estados grandes en territorio pero poco poblados como Montana, Alaska, Dakota del norte y Dakota del sur y Wyoming solo cuentan con 3 votos electorales cada uno.

Puede presentarse el caso de que los candidatos queden empatados al obtener cada uno de ellos 269 votos. Si ello sucediera, le corresponderá a la Cámara de Representantes en pleno votar y escoger al presidente de los Estados Unidos.

Los norteamericanos concurrirán a las urnas para elegir al cuadragésimo quinto presidente quien gobernará a la nación durante los próximos 4 años. A pesar de que en la boleta electoral aparecen 6 candidatos (4 independientes o libertarios), la pelea será entre la poco popular y muy cuestionada Hillary Clinton y el polémico Donald Trump quien, como en el plebiscito colombiano puede dar una sorpresa, con lo que el tablero político de los Estados Unidos sufriría una profunda alteración.

Datos curiosos de las elecciones presidenciales

  • El candidato que más votos electorales ha tenido en toda la historia fue Ronald Reagan en 1984, cuando sacó 525 de los 538 votos posibles. Su rival, el demócrata Walter Mondale sólo ganó en Minnesota y la ciudad de Washington.
  • Cuando más cerca se estuvo de un empate fue en las elecciones de 2000. George W. Bush obtuvo 271 votos electorales y Al Gore alcanzó 266, luego que de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos resolviera que Bush había ganado el estado de la Florida.
  • El candidato independiente que más votos electorales ha obtenido es George Wallace, quien logró ganar los estados de Arkansas, Luisiana, Mississippi, Alabama y Georgia en las elecciones de 1968 en las que resultó electo Richard Nixon.
  • El único presidente que ha sido elegido 4 veces consecutivas fue Franklin Delano Roosevelt quien llegó a la Casa Blanca en 1932, se reeligió en el 36, en el 40 y en el 44. Murió en 1945, un años después de su última reelección. Su periodo fue culminado por el vicepresidente Harry Truman.
  • En 1951 se incorporó a la Constitución de los Estados Unidos la enmienda XXII que dice que “no se elegirá a la misma persona para el cargo de Presidente más de 2 veces…”.

@IrreverentesCol