Hace unos años apareció en el mundo de las redes sociales un sujeto despreciable que se presenta como un “intelectual” y que convirtió al insulto, la calumnia y la ordinariez disfrazada de sátira, en herramientas para apuntalarse como un ídolo en los sectores de la izquierda radical. 

Se trata de Fabián Sanabria, un fantoche que intenta mostrarse como un hombre culto y de mundo, cuando efectivamente, a la luz de las pruebas judiciales que pesan en su contra, es un vulgar abusador sexual.

La imputación que fue realizada contra aquel sujeto es francamente estremecedora. En criterio de la Fiscalía General de la Nación, Sanabria habría citado a un joven estudiante en su apartamento ubicado en un barrio popular de Bogotá a quien le habría dado de beber una sustancia hipnótica. 

Luego de haber proveído la sustancia sedativa, Sanabria incurrió en un acto sexual abusivo sin que mediara consentimiento del desvalido muchacho. Una maniobra deleznable que, en caso de ser probada en un juicio, deberá ser sancionada con la mayor severidad posible. 

La victima fue hasta el apartamento de Sanabria con el propósito de entregar su hoja de vida para un trabajo que él le había prometido que le ayudaría a conseguir. Todo era una estratagema del violador que de ser encontrado culpable se enfrenta a una condena de más de 15 años de prisión. 

Hay que recordar que Sanabria es visto por el progresismo como un ídolo desde que públicamente imploró porque el exfiscal Néstor Humberto Martínez muriera de cáncer. A raíz de esa brutal intervención, la red social Twitter vetó su cuenta y las demás que intentó abrir luego de la sanción impuesta. 

Desde 2013 el caso de Sanabria había sido denunciado. Han pasado casi 9 años y la víctima seguía sin que se hiciera justicia.

Como cualquier otro criminal, Sanabria tiene unos derechos. Que se defienda de las graves imputaciones que le fueron hechas, pero sobre todo que la víctima pueda sentir que el Estado y la administración de justicia están haciendo algo para reparar el daño que le fue causado. 

El encartado no la tiene fácil y no saldrá del lío en el que se encuentra metido a través de alocuciones farsantes en las que dice citas en francés e inglés mal pronunciadas, o citando por fuera de contexto a determinados autores, maniobras con las que cree obnubilar a quienes lo oyen. 

@IrreverentesCol

Publicado: enero 17 de 2022