Santos, como cualquier tirano tropical, para contrarrestar el desprecio popular, ordena que medios oficiales le rindan culto a su personalidad.

Culto a la personalidad

La vanidad del presidente Santos es directamente proporcional al nivel de repudio que él despierta en la sociedad a la que dice gobernar.

Todas las encuestas lo muestran con una bajísima popularidad y no es descabellado prever que en menos de 6 meses el propio Timochenko lo supere en imagen favorable.

Resulta curioso que el presidente, despreciado en todos los rincones de Colombia, haya puesto a los medios oficiales del Estado a rendirle culto. En la página web de la presidencia de la República, se mandó a hacer un “autohomenaje” por cuenta del Nobel de Paz.

En dicho elogio, cuyo libreto fue redactado por los fallidos estrategas en comunicación del presidente, se reproduce un video en el que el narrador con voz trascendental anuncia que “desde 1901, el premio Nobel de Paz es el máximo galardón que se otorga a quienes dedican su vida a la construcción de paz…”.

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Página de inicio del web site de la Presidencia de Colombia

De golpista a Nobel

No deja de causar impresión que el presidente, a quien todo el país le conoce su faceta de mentiroso, tenga las agallas de definirse como un hombre que “ha dedicado su vida a la construcción de la paz”.

En los años 90 del siglo pasado, Santos intentó sellar una alianza criminal entre el jefe paramilitar Carlos Castaño, el cabecilla terrorista alias Raul Reyes y el narcotraficante Víctor Carranza –este último muy amigo suyo- para derrocar al ilegítimo gobierno de Ernesto Samper (Puede leer “Cuando Santos se reunía con Carlos Castaño”).

Seguramente los miembros del comité Nobel de Noruega, que antes de entregar el premio escudriñan al derecho y al revés la vida del galardonado, prefirieron mirar hacia otro lado cuando se encontraron con esos espantosos puntos negros en la biografía de Santos.

En otras palabras, los noruegos prefirieron observar los ricos yacimientos que el gobierno de Colombia le regaló a la empresa petrolera estatal de su país en vez de detenerse a evaluar el terreno fangoso sobre el Santos edificó su carrera política.

Altar en el consulado

Y para no quedarse atrás en los elogios y la lagartería, la rabiosa cónsul de Colombia en Miami, Marta Lucía Jaramillo, ordenó levantar una suerte de “altar” en honor a Santos, el cual se ve desde la concurrida avenida que queda justo al frente de la delegación diplomática.

Todo aquel que pase frente al consulado obligatoriamente verá el esperpento que la doctora Jaramillo erigió en honor al presidente que firmó el decreto nombrándola como cónsul general central de Colombia en Miami, cargo que ocupa desde el 1 de abril de 2011.

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“Altar” en homenaje a Santos ubicado en el consulado de Colombia en Miami

Adiós a Diego Santos

Hace algunos meses causó revuelo la noticia de que Diego Santos, sobrino del presidente de la República, había sido nombrado gerente en Colombia de la red social Twitter.

Para muchos, ese nombramiento era atentatorio contra la libertad de expresión, pues Twitter ha sido la herramienta que por excelencia utiliza la oposición para criticar al gobierno colombiano.

Hubo bastante temor de que el sobrino de Santos, que además es un abierto y furioso contradictor del uribismo, se valiera de su privilegiada posición laboral para cerrar cuentas y censurar mensajes de quienes con toda legitimidad se oponen al régimen colombiano.

Pues bien, no le duró mucho el trabajo a Santos al frente de la gerencia de Twitter Colombia. LOS IRREVERENTES han sabido que hace unos días le llegó la carta de despido. El negocio fracasó en Colombia. La oficina, que otrora contaba con casi 40 empleados, en adelante tendrá solamente 5.

Tal vez el doctor Santos, por andar criticando a la oposición democrática en Colombia, desatendió sus deberes gerenciales y el resultado fue inexorable: el despido inmediato.

@IrreverentesCol