Con testigos falsos, patrocinados por la extrema izquierda, Montealegre y Perdomo montaron una persecución con fines políticos contra Santiago Uribe.

La persecución contra Santiago Uribe

Uno de los principales objetivos que se trazaron el exfiscal Montealegre y su segundo, Jorge Fernando Perdomo, fue el de encarcelar, al precio que fuera, a Santiago Uribe.

Con esa decisión judicial, pretendían castigar políticamente al expresidente Uribe, jefe de la oposición al gobierno de Santos.

La artimaña

Para poner en marcha la operación, Montealegre y Perdomo recurrieron a los servicios de un funcionario corrupto de la fiscalía. Se trata de Iban (con B) Mejía Abello, un fiscal que en el pasado había sido declarado insubsistente como consecuencia de no haber pasado la prueba del polígrafo, cuando hacía parte de la unidad antimafia de la Fiscalía.

Montealegre y Perdomo consideraron que, gracias a su cuestionable pasado, Iban Mejía era la persona indicada para encarcelar, sin pruebas ni evidencias, al hermano del expresidente Uribe.

Falsos testigos

La acusación contra Santiago Uribe es un monumento a la infamia. Recurriendo un delincuente confirmado, como es el cuestionado mayor retirado de la policía, Juan Carlos Meneses, previamente “libreteado” por sectores de la extrema izquierda –hasta pusieron a una periodista furiosamente antiuribista a escribir un libro-, montaron la farsa.

Se indica que Santiago Uribe participó en la creación de un grupo paramilitar denominado Los doce apóstoles, que supuestamente delinquía en el municipio de Yarumal, en Antioquia.

Además del testimonio amañado, contradictorio y falaz de Meneses, no hay un solo elemento adicional que inculpe a Santiago Uribe.

El testigo de Chile

Conscientes de que el montaje estaba “cojo”, pues el testimonio de Meneses no es suficiente, el exvicefiscal Perdomo, desesperado por destruir al uribismo, se rebuscó un nuevo “testigo” y lo encontró en Chile.

Se trata de Eunicio Alonso Pineda Luján, quien ayudado por el cura Javier Giraldo y el colectivo José Alvear Restrepo, consiguió refugio político en territorio chileno.

En la trama, Pineda Luján debía presentarse como una víctima de Los 12 apóstoles, particularmente de los hermanos Uribe Vélez.

Estaba loco

Con lo que no contaban los cerebros del montaje era con que el deplorable estado mental de Eunicio Alonso Pineda Luján, lo conviertía en un testigo inverosímil.

Las mismas autoridades chilenas fueron las que descubrieron que el “testigo” es, en efecto, una persona que sufre de esquizofrenia. Como consecuencia de esa enfermedad, Pineda Luján hace muchos años perdió la capacidad de distinguir entre la fantasía y la realidad.

De hecho, los galenos tuvieron que recetarle fuertes dosis de Quietapina Seroquel XR, para controlar sus episodios de alucinación y sus dramáticos ataques de pánico.

Justicia como arma de vindicta política

Lo que resulta efectivamente inaceptable es que en Colombia la justicia sea utilizada como herramienta para perseguir políticamente a los contradictores.

Eduardo Montealegre y Jorge Fernando Perdomo, sí que supieron abusar del código penal para acosar a los opositores del gobierno de Santos.

Así le paga el diablo a quien bien le sirve

Montealegre y Perdomo fungieron como perros de caza de Santos. Anhelaban que una vez se cumpliera el periodo del primero, el segundo fuera nombrado en propiedad como fiscal general.

De nada les sirvió haberse prestado para las persecuciones de Santos. Como es sabido, Perdomo no fue ternado y hoy pasa los días en una triste aula de la universidad Externado de Colombia, donde funge como profesor de derecho penal.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 13 de 2017