El secuestrado

No existe duda ninguna de que el expresidente Uribe es víctima de un atroz secuestro por parte de la politizada y corrompida corte suprema de justicia.

Los herederos y cómplices del denominado Cartel de la Toga son los artífices de la patraña por la que hoy, el político más poderoso, influyente y honesto de Colombia, está privado de la libertad. 
A punta de “inferencias”, el magistrado Reyes, compañero de lucha política de Iván, construyó una fábula para justificar el secuestro del doctor Álvaro Uribe Vélez.

Cuando a un ser humano se le limita su derecho a la libre locomoción y se le pretende sustraer de la vida en sociedad, utilizando mecanismos arbitrarios, se está ante un secuestro. 

El profesor alemán Günter Jackobs desarrolló la teoría del derecho penal del enemigo, la cual consiste en la implementación de castigos a quien no ha afectado bienes jurídicos. 

El derecho penal existe como herramienta fundamentalísima para garantizar la vida sosegada de las sociedades. Quien transgreda las normas, recibirá un castigo proporcional a la falta. Pero, a través del derecho penal del enemigo se logra sacar del escenario a quien, sin haber cometido un delito, resulta incómodo para ciertos intereses o sectores sociales.

Y si alguien es incómodo para la extrema izquierda colombiana, ese es el expresidente Álvaro Uribe. Durante más de 30 años, los terroristas de las Farc han intentado liquidarlo. Como senador, como gobernador, como candidato, como presidente y ahora como dirigente máximo del Centro Democrático, los antisociales han hecho hasta lo imposible para acabar con su vida.

Como las acciones terroristas en su contra no surtieron el efecto esperado, acudieron a la artimaña de prefabricar expedientes judiciales con el propósito de perseguirlo judicialmente. 

Si un juez ponderado se diera a la tarea de revisar sin apasionamientos ni presiones de ningún tipo el bodrio que Cepeda y su subalterno el magistrado Reyes hicieron en contra del presidente Uribe, la conclusión sería una y solo una: que ahí no hay una sola actuación por parte del exmandatario que sea reprochable desde ningún punto de vista. 

Uribe está secuestrado y de eso no queda duda ninguna. Y cuando un ser humano se encuentra en esa condición, corresponde iniciar las acciones suficientes en procura de su liberación. Así que no es menor el desafío al que tendrán que hacerle frente las instituciones que aún no han sido invadidas por el cáncer de la extrema izquierda, instituciones que tienen el deber legal y moral de ponerle punto final al rapto del que está siendo víctima el presidente al que Colombia aún no termina de agradecerle por su dedicación, compromiso y determinación de proteger al asediado régimen de libertades. 

El mensaje es uno. Es hora de que los colombianos le devuelvan a Uribe un poco de los mucho que él ha hecho por el país. Él, ahora necesita de sus compatriotas y, en las adversidades, es cuando más se nota el talante de los hombres de bien. 

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 17 de 2020. 

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