El Gobierno de Pedro Castillo, el Petro peruano, ha sido un verdadero fracaso en términos económicos e institucionales. La falta de formación y experiencia de un sindicalista que llegó al poder de manera fortuita tiene sumido a ese País en una crisis institucional sin precedentes y, por el momento, no se ve una solución en el camino distinta a una destitución por parte del Congreso. 

En materia económica la situación es desconcertante. Durante 2021, a raíz de la elección presidencial y el triunfo de Castillo, se registró la mayor fuga de capitales de los últimos 50 años. Más de US$15.000 millones salieron del País, lo que equivale al 7.4% del PIB, ante el temor que generó en el mercado el ascenso de un Gobierno enemigo de la propiedad privada y el libre mercado que desde su inicio ha buscado cambiar la Constitución.

Una dinámica que también sucedió en Chile con la aprobación de la constituyente, la victoria de Boric y que fácilmente se podría replicar en Colombia con Gustavo Petro.

Por otro lado, el punto más crítico de la administración Castillo ha sido la falta de gobernabilidad. No solamente porque la coalición gubernamental en el Congreso es mínima, sino también debido a la incapacidad del Presidente de conformar un gabinete estable.

De hecho, en menos de siete meses el grueso de los Ministros ha sido cambiado en tres oportunidades y, como van las cosas, en las próximas semanas se realizaría la cuarta modificación. Castillo no ha podido conciliar un punto medio entre la izquierda radical que quiere cooptar la administración y los demás sectores moderados que se rehúsan a participar en un Gobierno sin norte. 

Una realidad que denota la inexperiencia e incapacidad del Presidente para asumir las riendas del País y que es bastante parecida a lo ocurrido en la Bogotá Humana, donde la mitad de los Secretarios y altos funcionarios del Distrito renunciaron con menos de un año de duración en los cargos.

En últimas, Castillo no sabe qué hacer con el poder. No tiene la menor idea de cómo gobernar ni tampoco el conocimiento técnico sobre el funcionamiento del Estado. Forjado en el sindicalismo de la educación pública peruana y promovido por la misma narrativa populista que recorre desde hace varios años América Latina, este personaje se comporta cada vez más como un idiota útil de la izquierda regional.

Un espejo más que claro de los riesgos que correría Colombia si decide tomar el mismo camino en 2022 y caer en manos de un ex guerrillero que demostró sus múltiples falencias administrativas al mando de la capital.

@LuisFerCruz12

Publicado: febrero 9 de 2022