La victoria del radical Boric y la mayoría izquierdista de la constituyente significan el fin del Chile exitoso que conocimos hasta hoy. Una cruda realidad que replica la peligrosa tendencia que llevó a Castillo a la Presidencia de Perú y que amenaza con tomarse Colombia de la mano de Gustavo Petro.

Aunque suene increíble, Chile abandonó el modelo que le permitió incrementar en un 872% el tamaño de su economía durante las últimas cuatro décadas, triplicar su PIB per capita al pasar de US$5.172 en 1980 a US$ 15.091 en 2019, disminuir su inflación del 25% en los 60´s a menos del 5% en promedio desde 1996 hasta la fecha, tener una tasa de desempleo de un dígito por más de veinte años, registrar una tasa de tributación total del 34%, una de las más competitivas del mundo, y un endeudamiento del 27.7% del PIB antes de la pandemia.  

Si comparamos estas cifras con lo que vivimos en Colombia, la diferencia es abismal. Nuestro PIB per capita escasamente supera los US$6.000, gracias al Gobierno Santos el endeudamiento pasó del 38.8% en 2010 al 50.6% en 2018 y la tasa de tributación que padecen las empresas en el País asciende al 71.2%, más del doble que la existente en Chile.

Prácticamente Chile era la meca del libre mercado. Un referente a nivel global del éxito de tener un Estado subsidiario que deja en manos del mercado la solución de la mayoría de los problemas de la sociedad y que no incurre en locuras económicas para financiar expansiones sostenidas del gasto público que solamente logran crear una dañina dependencia de la población al asistencialismo gubernamental.

Por eso, es apenas entendible el pánico que se apoderó de los mercados con la victoria de Boric. La bolsa se desplomó un 6.2%, el dólar se disparó un 4%, la variación más alta desde la crisis del 2008, y muy seguramente en las próximas semanas iniciará una sostenida fuga de capitales de inversionistas que no van a correr el riesgo de mantener sus recursos en un País donde el Presidente representa una amenaza contra la propiedad privada, tal como ya lo anunció Sura al advertir que se retirará del sector pensional chileno.

Y no es para menos. A diferencia de otros Presidentes, que por lo general llegan con un marco institucional previamente establecido, el mandato de Boric se da de manera paralela a la nefasta constituyente que está acabando con el País austral. Claramente, la influencia del nuevo Gobierno será determinante para terminar de moldear un nuevo texto constitucional que garantice un Estado todopoderoso que invada todos los aspectos de la vida privada.

Adiós a las tasas de tributación competitivas, adiós al bajo endeudamiento, adiós al crecimiento económico y adiós a la baja inflación. Boric, un radical sin experiencia, tendrá en sus manos más poder que cualquier otro mandatario desde la administración Pinochet. Razón más que suficiente para prever lo peor.

Ojalá que en Colombia no suceda lo mismo en 2022. 

@LuisFerCruz12

Publicado: diciembre 22 de 2021