No tiene porqué sorprender que el hermano de Piedad Córdoba haya sido capturado como consecuencia de una solicitud de extradición proveniente de la corte del distrito sur de Nueva York, tribunal que requiere a ese sujeto para que responda por traficar drogas de la mano de las disidencias de las Farc. 

Que Álvaro Córdoba Ruiz sea narcotraficante, no significa que su hermana también lo sea. Ella, por su parte, tiene suficientes problemas judiciales por los que en cualquier momento terminará siendo llamada por la justicia estadounidense para que aclare los alcances de sus relaciones “comerciales” con el extraditado Alex Saab. 

Para comprender un poco las entrelíneas de los vínculos Córdoba-Saab resulta clave leer una carta publicada en julio del año pasado por el hijo de Piedad, el exsenador Juan Luis Castro Córdoba.

Se trata de una misiva pública de Castro hacia su progenitora en la que se queja de los problemas que causados por ser hijo de la excongresista lo afectan de manera grave: “por eso aprovecho esta oportunidad para decirte que sí mamá, es cierto que estoy cansado de lidiar con tus enemigos, también es cierto que estoy cansado de que me persigan y me encasillen por se tu hijo, como también es cierto que ya tomé la decisión de no aspirar nuevamente al Congreso de la República, un lugar extenuante que sé que conoces muy bien”. 

La carta fue emitida en julio del año pasado y un mes después, el 25 de agosto, Castro Córdoba volvió a aparecer para anunciar que dimitía irrevocablemente a su condición de senador de la República. En la carta de renuncia aseguró que padecía unos supuestos quebrantos de salud. Así mismo dijo que “no es ético de mi parte continuar recibiendo un salario y mantener un compromiso que sé que no podré corresponder, por tales motivos prefiero dar un paso al costado”.

Desde entonces nada se ha vuelto a saber de él, salvo las menciones que se han hecho en relación con vínculos suyos con Alex Saab pues efectivamente se ha denunciado que él, junto a su madre, habrían recibido gruesas sumas de dinero de manos del extraditado cabecilla del chavismo. 

Hasta ahora, la justicia colombiana ha sido generosa y hasta cómplice de Piedad Córdoba. Valga recordar que en 2011 la sala penal de la corte suprema de Justicia emitió un fallo desconcertante en el que sostuvo que el computador de alias ‘Raúl Reyes’ debía descartarse como prueba judicial, argumentando que no se había respetado la cadena de custodia de los mismos luego de su incautación en el bombardeo que tuvo lugar en las selvas ecuatorianas en 2008 y en el que el cabecilla terrorista fue dado de baja. 

En dicho computador la Córdoba aparece seriamente involucrada. Los correos suyos, firmados con el alias de ‘Teodora Bolívar’ son prueba irrefutable del maridaje de la exparlamentaria con la guerrilla de las Farc. En uno de los mensajes enviados llegó al extremo inaudito de sugerir que la guerrilla debía mantener secuestrada a la hoy candidata presidencial Íngrid Betancourt dado que ella, en criterio de Córdoba, era la “joya de la corona” que tenían los terroristas para forzar el denominado “canje” de presos por secuestrados. 

Desde siempre, Córdoba ha sido una cómplice a sueldo de la dictadura venezolana. La ha defendido, la ha exaltado y, por supuesto, se ha lucrado gracias a su cercanía con fichas claves de esa satrapía, hechos que la justicia de los Estados Unidos tiene perfectamente documentados y esclarecidos. 

Minutos después de que se conociera la noticia de la captura de Álvaro Córdoba Ruiz, la exparlamentaria reaccionó a través de una serie de trinos cuyo contenido delatan el pánico que la embarga. Una cosa es la justicia colombiana que ella se ha pasado por la faja constantemente y otra muy distinta la norteamericana que es implacable e incorruptible. 

Los argumentos de Córdoba son risibles. Dice que la decisión contra su hermano es una persecución política (¡!) ¿En cabeza de alguien con un mínimo de sentido común y serenidad cabe que un juez del distrito sur de Nueva York apruebe una solicitud de extradición de un narco colombiano con el propósito de perseguir políticamente a alguien? Con esa línea de defensa, Córdoba y su hermano no llegarán muy lejos.

A esta historia aún le faltan muchos capítulos, pero lo cierto es que, por fin, la justicia -en este caso la de Estados Unidos- está respirándole en la nuca a Piedad Córdoba, una mujer que lleva décadas navegando en las pútridas aguas del crimen organizado. 

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 7 de 2022