La Política de Seguridad Democrática tuvo un éxito demoledor durante los primeros años de aplicación. El país, que estaba perfectamente sitiado por las Farc, rápidamente recuperó parte de su libertad. Las carreteras volvieron a ser transitables y los municipios en los que reinaba el terrorismo, recuperados por la institucionalidad. 

Las Farc empezaron un acelerado proceso de debilitamiento. Las cuadrillas criminales que hasta 2002 azotaban a la población civil se vieron forzadas a buscar refugio en lo más profundo de la manigua. El Estado retomó el control de vastas zonas de la geografía colombiana. 

Frente a la arremetida de la Fuerza Pública, los cabecillas de las Farc que integraban al denominado “secretariado” huyeron hacia otros países. ‘Iván Márquez’ fue recibido por la dictadura chavista y ‘Raúl Reyes’ encontró refugio en la selva ecuatoriana con el beneplácito de Rafael Correa. El ‘Socialismo del Siglo XXI’, tomó partido por las Farc.

Desde el exterior, los jefes de las Farc pudieron planificar y ordenar la comisión de toda suerte de acciones terroristas. La impunidad estaba garantizada.

En múltiples ocasiones, la cancillería colombiana alertó a los gobiernos de Caracas y Quito sobre lo que estaba ocurriendo. Fueron palabras al viento. Tanto Chávez como Correa se burlaron en la cara de Colombia y no hicieron absolutamente nada para capturar a los jefes de las Farc. 

En la madrugada del 1 de marzo de 2008 se puso en marcha la operación Fénix. Aviones de la Fuerza Aérea Colombiana -FAC- realizaron un bombardeo de alta precisión sobre el campamento de ‘Raúl Reyes’, ubicado a pocos kilómetros de la frontera entre Colombia y Ecuador, en la región de Angostura. Más de 20 terroristas de las Farc fueron dados de baja, entre ellos el considerado número 2 de la narcoguerrilla. 

Terminado el bombardeo, miembros de la Fuerza Pública desembarcaron en el lugar de la acción con el propósito de verificar los resultados, recoger los cadáveres y, con apego absoluto a los protocolos legales, incautar material probatorio. 

Lo más importante fue la recuperación de los denominados “computadores de Reyes”. Se trató, como luego confirmó INTERPOL, de 8 aparatos: computadores, discos duros extraíbles y memorias USB. Un tesoro en términos de información: 609.6 gigabytes de documentos, audios y videos. 

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Los datos recaudados eran una mina de oro. El Estado pudo conocer los planes de las Farc, sus movimientos, contactos nacionales e internacionales. Gracias a la incautación, el Ejército pudo trazar el plan que desembocó en la Operación Jaque donde un grupo de secuestrados pudo ser rescatado sin disparar una sola bala. 

Misteriosamente, la corte suprema de justicia de Colombia, tribunal politizado e invadido por la corrupción, consideró que el contenido de los computadores de ‘Reyes’ no servía como prueba para judicializar a las personas que aparecían allí mencionadas. Muchas de ellas, como es el caso de Piedad Córdoba alias ‘Teodora Bolívar’, hablando de crímenes atroces como el manejo político y despiadado de las personas secuestradas. 

A raíz de la operación Fénix, la Política de Seguridad Democrática tuvo un nuevo aire y, sin duda, esa acción selló la suerte de las Farc, organización terrorista que estaba irremediablemente derrotada. Era cuestión de tiempo y, por supuesto, de persistencia. Santos, como candidato presidencial, les aseguró a los colombianos que continuaría por la senda trazada durante el gobierno Uribe. Engañó a los ciudadanos, estafó a los electores. En vez de cumplir su promesa, le puso freno de mano a la exitosa estrategia que venía en marcha. El resto de la historia ya la conocen los colombianos. 

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 2 de 2022