Dentro de sus primeras declaraciones, la ministra filósofa de Minas y Energía Irene Vélez planteó que: “Colombia debe exigirles a los demás países decrecer sus en sus modelos económicos”.

El decrecimiento, como palabra, se acuñó por primera vez gracias al ecologista rumano Nicolai Georgesku – Roegen en 1979. Sin embargo, la construcción como proyecto político ambientalista tan solo tomó forma hacia el 2002.

Como en todo proyecto político ambientalista, se diseñó una narrativa en torno al mismo consistente en que, según Latouche: La humanidad ingresará a un ciclo de decrecimiento económico general a todo nivel con el agravante que el ritmo de crecimiento poblacional actual se ha vuelto insostenible para nuestro entorno.

¡La hora del decrecimiento ha llegado!

Supondrá trabajar menos, para vivir mejor, consumir menos, pero mejor, en pocas palabras recobrar el sentido de la mesura y una huella ecológica sostenible (Ver: Latouche, la hora del decrecimiento, 2011).

Hay que reconocer que la capacidad para construir narrativas de parte de los ecologistas, ambientalistas progresistas carnívoros del siglo XXI puede llegar hasta el infinito y más allá, como decía Buzz en la película Lightyear.

De tal forma que corresponden las declaraciones de la filósofa ministra no solo a una política ambientalista, ecologista, del gobierno del Petro caos, sino a la agenda 2030 formulada desde la ONU, a donde irá Petro esta semana, seguramente con el discurso ecologista de Latouche en la maleta el cual será bien recibido por la audiencia ambientalista global. 

Sus declaraciones atañen a una política supra nacional ambientalista que pretende imponerse sobre los estados nacionales, como lo fueron las medidas sanitarias globalistas impuestas por el COVID 19 por la O.M.S, Organización Mundial de la Salud.

La ministra Vélez, como buena activista ambientalista, suscita, de entrada, como política gubernamental del Petro el caos que se avecina, no solo destruir nuestra matriz energética fundamental para la producción de ingresos al Estado como lo es Ecopetrol S.A., sino que, a su vez, conociendo la situación de reservas energéticas a largo plazo plantea que Colombia importará gas de Venezuela para suplir la demanda interna con el fin de generar la dependencia como lo es actualmente la de Europa sobre Rusia para utilizarla como herramienta de presión política.

Hablando de Europa y Rusia y Ucrania, se viene un invierno complejo.

Continuando, por lo demás, con una política del gobierno de Juan Manuel Santos, la ministra Vélez no renovará las licencias de explotación minera en todo el territorio nacional además de prohibir la implementación del Fracking, lo cual explica que a hoy Colombia tan solo produzca cerca 700.000 barriles de petróleo cuando durante el gobierno de Uribe alcanzamos a llegar a casi al millón de barriles diarios. 

La pregunta que nace es: ¿Por qué Juan Manuel Santos suspendió la renovación de las licencias mineras energéticas durante su cuatrienio? ¿Correspondió a una política global ambientalista?

Y, dentro del decrecimiento ministerial y moral que nos inunda, sale el inefable Roy Maquiavelo Barreras a decir que: Colombia está quebrada, que por eso es necesario el desmonte del subsidio de los precios de gasolina.

De nuevo, la construcción de narrativas.

Lo anterior, nos producirá con un Petro caos económico y social con la complicidad del partido conservador colombiano quien no se pronuncia sobre la reforma política presentada en silencio por el registrador Vega.

¿Qué pensará el hoy ex senador Velasco quien tanto se opuso al desmonte del subsidio de la gasolina?

¿Cuánto nos costará la nueva narrativa en el salón de la constitución del Congreso de la República?

Los resultados del gobierno amoral de JMS, cosechan sus frutos. 

El Petro caos y su decrecimiento apenas comienza…

Puntilla: Y, el Partido Conservador feliz con el Petro Caos…