Confieso que cuando me contaron que en el apartamento de Juan Fernando Cristo estaban reunidos Juan Manuel Santos, Iván Cepeda y Rodrigo Londoño alias ‘Timochenko’, pensé que era una noticia falsa y por eso evité compartirlo. Dije jocosamente “les faltó inventarse que allí también estaba Nicolás Maduro”.  Ni el torpe más torpe de los torpes sería tan evidente de hacer esa reunión un día después que la Corte remite el caso Uribe a la Fiscalía y a horas que fueran revelados los millonarios contratos del Magistrado Cesar Reyes con el Gobierno Santos. Para sorpresa mía, el equivocado era yo. Esta reunión superó todos los límites de mi capacidad de asombro.

Entre otras cosas, entiendo perfectamente la preocupación y el susto de los vecinos. No quisiera yo tener de vecino a ‘un ciudadano tranquilo y desprevenido’ como se autodenomina Cristo, pero capaz de ingresar a su apartamento a todo el secretariado de las Farc. ¿Qué garantías va a tener uno si a su conjunto residencial ingresa un tipo  como ‘Timochenko’? Alguien que en meses, uno no sabe, termine siendo parte de las mal llamadas ‘disidencias’, de las que hacen parte sus excompañeros alias ‘Santrich’, ‘Iván Márquez’, ‘Romaña’ y ‘el Paisa’.

Era inevitable que el expresidente Santos aceptara que estuvo en la reunión, pues era fácil llegar a saberlo por las placas de los carros. Sin embargo, esa no era la intención  inicial del señor expresidente, motivo por el cual Santos se ocultó detrás de un armario. Este hecho de esconderse, de no dar la cara, de actuar en la sombra, es un sello de él y y de su gobierno. Santos es un conspirador profesional, que en los noventas conspiró para tumbar al expresidente Ernesto Samper. Luego lo hizo para traicionar a quien lo eligió presidente y pactar en secreto con el terrorismo lo que posteriormente sería la entrega del país a los intereses de la ultraizquierda.

Es importante que el país sepa que el debate sobre paramilitarismo llevado a cabo en 2014 en el Congreso de la República, en el que Iván Cepeda citó a Álvaro Uribe, fue ordenado por Juan Manuel Santos y así lo reconoció el senador José David Name. Desde ese entonces, Santos enfilaba sus baterías contra Uribe. Por un lado, con ataques políticos, utilizando sectores de la ultraizquierda colombiana. Y por el otro, consintiendo con millonarios contratos a los jueces de Uribe.

¿Qué le hizo Uribe a Santos para merecer esto? ¿Sacarlo del anonimato nombrándolo ministro de Defensa y luego elegirlo presidente?  Solo un psicópata puede traicionar de esta forma, no solo le bastó con desconocer las tesis con las cuales se eligió, sino que se alió con quienes han atentado contra la vida de Uribe en varias ocasiones. ¿Creen que alguien de esas bajas características no es capaz de planear el encarcelamiento de Uribe?

Pues allí estaban reunidos Santos, el principal contradictor político de Uribe; Cepeda, el obsesivo compulsivo más grande que tiene Uribe y Timochenko, el jefe de la guerrilla que atentó contra la vida de Uribe. ¿De qué hablaban? Han dicho que no tocaron ni por las curvas el tema del caso Uribe. ¿Podremos creerles?  No.

No son convincentes las declaraciones de los asistentes al decir que se trató de una reunión para el seguimiento de los acuerdos de la Habana, porque si esto fuese cierto, ¿por qué no estuvo Humberto de la Calle jefe negociador del equipo de Gobierno? ¿Por qué entonces excluyeron de la reunión a otros senadores proacuerdo?

Lo cierto es que este conclave se da días después de que la Corte Suprema de Justicia trasladara la competencia del caso Uribe a la Fiscalía y horas después de la revelación de los contratos del Magistrado Cesar Reyes con Santos, 575 millones de pesos en solo 4 meses. Después de esta reunión, toma fuerza la tesis que desde la Habana se orquestó el encarcelamiento de Álvaro Uribe.

El expresidente Santos debe entender que una cosa es jugar a ser Frank Underwood desde la casa de Nariño y otra es pretender serlo siendo un ciudadano más. Hoy todo le será cada vez más difícil, ni detrás del armario se podrá esconder, siempre habrá un vecino valeroso y patriota dispuesto a denunciarle sus trampas, siempre habrá alguien con el coraje de no venderse, de decir NO al castrochavismo del que se volvieron aliados.

Poco a poco se les va cayendo el montaje, el juego con la justicia, el juego con la opinión pública, la manipulación de la información y el querer mostrarse como ovejas cuando son una manada de lobos.

@jarizabaletaf

Publicado: septiembre 6 de 2020