A mediados de los años 90 del siglo pasado, Ecuador tuvo durante 6 meses a un presidente en extremo pintoresco y que se hizo célebre por sus intervenciones que delataban un evidente desequilibrio mental.

Abdalá Bucaram gobernó entre agosto de 1996 y febrero de 1997. Fue destituido por el Congreso ecuatoriano alegando incapacidad mental de quien llevaba las riendas de esa nación suramericana.

Desatendía asuntos de Estado porque prefería irse a cantar a las fiestas de matrimonio de sus parientes. Participó en conciertos, sirviendo como telonero de distintos artistas y hasta en concursos de televisión.

Pero más allá de los chistes, Bucaram y los suyos estuvieron involucrados en tremendos casos de corrupción. Hubo robos en viviendas de interés social, en los programas de alimentación a niños de familias de escasos recursos. Igualmente, miembros de su familia fueron nombrados en distintos cargos del nivel nacional.

Inmediatamente después de su destitución, Bucaram huyó a Panamá, país en el que buscó refugio político. La justicia ecuatoriana inició sendos procesos penales contra el expresidente quien resultó imputado en distintas causas, siempre por peculado y malos manejos del tesoro público.

La campaña presidencial colombiana tiene a su propio Bucaram. Se trata del exalcalde Bucaramanga Rodolfo Hernández, un tipo exótico, intemperante, sin solidez ideológica, demagogo y portavoz de un discurso gaseoso que se concentra en señalar a la corrupción -lo que está muy bien- pero sin hacer propuestas concretas respecto de los distintos asuntos propios de una campaña política.

Grande es el parecido entre Hernández y Bucaram, empezando por las señales de desequilibrio mental del exalcalde de Bucaramanga, un hombre violento y agresivo que se nota incapaz de contener sus impulsos, tal y como se ha podido establecer con los golpes que le dio a un concejal que le hacía oposición y con la amenaza de muerte que le hizo a un cliente insatisfecho que se atrevió a hacerle un reclamo.

Y en cuanto a la corrupción, una sombra recubre al señor Hernández por cuenta de un multimillonario contrato para el manejo de las basuras de Bucaramanga el cual, en criterio de la fiscalía, se hizo sin el lleno de los requisitos legales.

Igualmente, el hijo del ahora candidato presidencial, metió sus manos en la contratación en Bucaramanga durante la alcaldía de su padre. Se trata del ingeniero civil Luis Carlos Hernández Oliveros quien aparece en unos documentos cobrando una “comisión de éxito” en un contrato -también relacionado con el manejo de las basuras en la capital de Santander- de más de $750 mil millones de pesos.

Hernández ha sido llamado a juicio por esos hechos de corrupción, razón por la que no tiene mayor autoridad a la hora de hablar de ese flagelo que afecta a la sociedad colombiana. El sentido común indica que él, antes de cualquier otra cosa, debería aclarar los asuntos pendientes que tiene con la justicia, precisamente por temas relacionados con el mal manejo del presupuesto público.

José Manuel Barrera, quien fuera gerente de la empresa de aseo de Bucaramanga durante la administración de Hernández tiene pliego de cargos en la Procuraduría General de la Nación, organismo que considera que él firmó irregularmente un contrato relacionado con ese negociado que involucra a la empresa Vitalogic que es la misma con la que el hijo del exalcalde firmó el documento de la tristemente célebre “comisión de éxito”.

Dos personajes diferentes, con talantes similares y con casos de corrupción a cuestas. Los parecidos entre el ecuatoriano Bucaram y el bumangués Hernández saltan a la vista de todos.

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 9 de 2021