Felipe Bayón, presidente de Ecopetrol, anunció hace un par de días que la petrolera insignia de Colombia había vendido 76 billones de pesos en productos en el primer semestre del 2022, que la empresa había generado una EDBITDA de 38.1 billones de pesos, y una utilidad neta de 17 billones de pesos. El margen EBITDA de la compañía estuvo en 50%, muy por encima del 37% del 2014. La utilidad neta de la empresa en el primer semestre del 2022 ya superó la utilidad vista durante todo el 2021 (16.7 billones). Haciendo cuentas de servilleta, y ceteris paribus, es muy probable que la empresa colombiana de petróleos genere una utilidad neta superior a 30 billones de pesos este año. Mejor dicho, en un año Ecopetrol logrará generar más dinero para la nación que la reforma tributaria que quiso aprobar el exministro Carrasquilla, asumiendo que la empresa decidiera repartir toda la utilidad neta en dividendos pagables en el 2023. 

Siempre he dicho que uno de los mejores legados que le dejó el presidente Uribe a Colombia, después de la seguridad democrática y de la confianza inversionista, fue la democratización de la estructura de capital de Ecopetrol. Además de que fue emocionante ver a amas de casa colombianas comprando acciones de Ecopetrol en supermercados, esa escisión del 10% del capital de Ecopetrol es la razón por la cual esta empresa tiene un presidente que se llama Felipe Bayón, un genio del sector de hidrocarburos, y no un Armando Benedetti o Roy Barreras. Gracias al legado de Uribe los colombianos hemos podido gozar de los buenos resultados que ha dejado esta empresa que se enfoca en gestión y no en politiquería. En Venezuela los políticos destruyeron a PDVSA, a pesar de que Venezuela sigue siendo el país del mundo con más reservas de petróleo.

Hace unos meses conversaba en Washington con uno de los mayores inversionistas del mundo en mercados emergentes. Con un café en mano este personaje me hizo la siguiente pregunta: “Alberto, me cuenta mi equipo que el candidato Petro quiere prohibir la firma de nuevos contratos de exploración petrolera, es eso cierto?” Mi respuesta: “efectivamente”. ¿Su respuesta, “y eso como para qué?”. Mi respuesta: “no se que decirle, el equipo de Petro dice que es para salvar al mundo”. Su respuesta, en inglés, “you have to be kidding me”. Traducción: “me tiene que estar jodiendo”.

Para el mundo lógico, la idea de Petro de prohibir la firma de nuevos contratos de exploración petrolera es absurda. Algunos inversionistas se burlan de la idea, otros se preocupan. Los que se burlan lo hacen porque comienzan a pensar que Petro de verdad no piensa bien. Todo el mundo sabe que Colombia genera solo el 0.2% de todos los gases efecto invernadero que se emiten en el mundo a diario. Así Colombia dejase de existir, no haría cambio alguno en la problemática. Los que se preocupan lo hacen porque comienzan a pensar que Petro es suicida. Que Colombia deje de firmar contratos de exploración petrolera no es una actitud loable. Es una actitud estúpida, y completamente miope. Entre otras razones porque esa decisión haría imposible la labor de las petroleras que trabajan en Colombia de intentar renovar la producción de pozos existentes que estén viendo caídas en producción.    

Hace unos días le decía a mi esposa que tenía pensado retirarme de la economía para volverme ciclista profesional o cantante, porque ya estaba cansado de viajar tanto y de tener que dar tanta conferencia. Su respuesta: “madure, bobo”.

@AlbertoBernalLe

Publicado: agosto 7 de 2022