Más se demoran los Gobiernos en anunciar potenciales conversaciones con grupos armados que estos en atentar contra la Fuerza Pública. Así sucedió en el Caguán, se repitió en La Habana, lo intentó hacer el ELN y se está empezando a ver con el Clan del Golfo.

Básicamente la historia siempre se repite. No hay que ser un genio para darse cuenta que cuando el Ejecutivo cede, actúa con debilidad y abre las puertas a una negociación sin condiciones, o con parámetros endebles, la criminalidad aprovecha y desata una ola de violencia contra los uniformados para presionar a la institucionalidad.

Una fórmula perversa que le ha costado sangre al País y se ha llevado miles de vidas de soldados y policías por delante. Hace tres años, por ejemplo, el ELN atentó contra 22 cadetes de la Policía para forzar al Gobierno Duque a continuar con la mesa de diálogo que se instaló al final de la administración Santos.

Y ni qué hablar de lo sucedido en La Habana. Las supuestas líneas rojas se cruzaron incontablemente sin que hubiera consecuencias. La necesidad política del Gobierno de sacar adelante el proceso a como diera lugar permitió que las Farc actuaran a plenitud.

Una dinámica que, desafortunadamente, se puede repetir en la administración Petro. Sin haberse posesionado los funcionarios que estarán a cargo de estos temas ya empezaron a hablar del concepto de “paz total”, lo cual ha ido de la mano de varios proyectos de ley de la bancada oficialista que pretenden poner en marcha una negociación con el Clan del Golfo, a pesar que son una organización de narcotraficantes sin ningún tipo de causa política.

Y este grupo armado, ni corto ni perezoso, ha sabido explotar ese afán por instaurar un proceso de paz a cualquier costo. No hay claridad frente a las posibles condiciones y la incertidumbre reina en torno al futuro de la Fuerza Pública. Un coctel de factores que solo benefician a los violentos.

En lo corrido del año 36 policías han sido asesinados, de los cuales 15 fueron responsabilidad del Clan del Golfo. Por supuesto, el ELN y las disidencias de las Farc también han aprovechado el contexto y han desplegado su ofensiva, aunque en menor intensidad.

En últimas, lo visto estas semanas puede terminar siendo el abrebocas de los próximos cuatro años. Con una relación endeble con la Fuerza Pública, el accionar del Estado suspendido y un interés por negociar a cualquier precio, la seguridad del País terminará gravemente comprometida. 

ES UN HONOR SER POLICÍA!

@Tatacabello

Publicado: agosto 5 de 2022