A nadie puede sorprender el ignominioso encuentro entre Petro y el narcodictador venezolano Nicolás Maduro, delincuente por el que la justicia norteamericana ofrece una recompensa de U$15 millones de dólares -más de $75 mil millones de pesos-.

A los socios políticos e ideológicos les gusta verse, abrazarse, sobarse la chaqueta mutuamente, alimentar sus egos y, por supuesto, renovar votos de confianza.

Desde que arrancó la campaña presidencial, Petro advirtió que reestablecería las relaciones con la dictadura venezolana. Uno de los primeros nombramientos diplomáticos fue el del cuestionado y judicializado dirigente político corrupto Armando Benedetti como embajador en Caracas. Benedetti cuenta con la idoneidad para representar los intereses de Petro ante la estructura mafiosa que ejerce el gobierno en Venezuela. 

Para Maduro era fundamental que Petro se desplazara a Caracas, que fuera él quien se presentara en una escena casi de rendición en la que el nuevo gobernante de Colombia se inclina reverencialmente para implorar perdón por hechos del pasado. 

Colombia no rompió relaciones con Venezuela. Lo que se hizo, desde el gobierno de Santos, fue romper con la satrapía corrupta entronizada en el poder desde finales del siglo pasado. Iván Duque continuó por el mismo sendero, impulsando decididamente las medidas tendientes a devolver la democracia a Venezuela y procurar el merecido castigo por las brutales violaciones a los derechos humanos que han sido ordenadas por Maduro y sus principales lugartenientes, todos ellos en la mira de la justicia estadounidense. 

¿Qué salió de la reunión Petro-Maduro? Algunos dicen que no hubo mayores anuncios y que se trató simplemente de un encuentro protocolario. Pero la charla reultó mucho más importante: es el otorgamiento de legitimidad a un régimen ilegal, antidemocrático, corrupto, irrespetuoso de los derechos humanos y persecutor. 

Suramérica tiene a Maduro en condición de paria. Hasta el presidente comunista de Chile Gabriel Boric no ha querido establecer relaciones con la dictadura venezolana. Hoy por hoy, Argentina, sometido al kirchnerismo, es el principal validador de Maduro en la región. 

Con Petro subido al tren de la narcodictadura venezolana, Colombia se ha convertido en un importante salvavidas para Maduro. La cancillería en manos de Álvaro Leyva se empleará a fondo para que el sistema interamericano le tienda la alfombra roja a Caracas volteando la mirada frente a las documentadas violaciones a los DD.HH. que se continúan cometiendo por instrucciones directas de los cabecillas de la tiranía. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 3 de 2022