Habrá que ver cuánto tiempo durará la luna de miel de Petro con los partidos tradicionales antes que empiece a implosionar su gabinete. Su talante autoritario, bien escondido por estos días, empezará a salir a medida que se adapte al poder y con el paso de los meses la izquierda radical se podrá convertir en una piedra en el zapato. 

De hecho, son dos las incógnitas que rondarán al nuevo Gobierno. La primera, es hasta cuándo durará el tono moderado de Petro. Recordemos, por ejemplo, que durante su paso por la Alcaldía de Bogotá el Presidente electo inició con el mismo ánimo conciliador que muestra ahora, pero con el paso de los meses trabajar con él se convirtió en una misión imposible, a tal punto que implosionó su gabinete, las renuncias de los Secretarios de Despacho fueron el común denominador y la relación con el Concejo se fracturó por completo.

La segunda, es qué tanto tolerará la izquierda radical el hecho de no tener representación significativa en el Gobierno. Me explico. A pesar que ese sector es quien ha impulsado toda la carrera política de Petro, lo cierto es que hoy en día está siendo dejado a un lado por el nuevo mandatario. Los Ministros designados, lejos de implicar el cambio que tanto se vociferaba en elecciones, son políticos de vieja data provenientes del corazón del establecimiento.

Y aunque lógicamente siempre será deseable que las carteras estén en manos de funcionarios moderados, esta dinámica se convertirá en un dolor de cabeza para el nuevo Gobierno, dado que tendrá que resistir los ataques tanto de la derecha, que ejercerá una lógica oposición, como de la izquierda radical, quien ha sido paciente estas semanas, pero ya empieza a dejar en evidencia su molestia con la composición del gabinete, lo cual es una consecuencia apenas lógica de lo que pasó en elecciones.

El costo que tuvo que pagar Petro para ganar la Presidencia fue quedar hipotecado con la clase política tradicional. Por eso, cambió las inocuas intervenciones de Gustavo Bolívar por el asesoramiento de Alfonso Prada, Mauricio Lizcano y Roy Barreras. Además, para lograr gobernabilidad en el Congreso tuvo que ceder ante Cesar Gaviria, Dilian Francisco Toro y los conservadores, quienes absorberán como sanguijuelas toda la burocracia nacional mientras la izquierda asumirá el desgaste de ser Gobierno sin tener mayor incidencia en las entidades.

De hecho, hasta el liderazgo de las mesas directivas del Congreso quedó en manos de los partidos tradicionales, quienes hoy posan cercanos a la Casa de Nariño, pero bien terminarán acomodándose a la coyuntura y abandonarán paulatinamente el barco cuando el Gobierno presente proyectos que desplomarán su favorabilidad como la incomprensible reforma tributaria con una meta de recaudo de $50 billones.

En últimas, solo el tiempo dirá qué tanto resistirá la coalición de Gobierno y el primer gabinete. No sería raro, tal como ocurrió en Perú, que Petro termine cambiando cuatro veces de Ministros en menos de un año.

@LuisFerCruz12

Publicado: julio 21 de 2022