El criterio es el principio sobre el cual se puede conocer la verdad o tomar una determinación sobre un asunto, viene del verbo griego juzgar y hace parte esencial del pensamiento crítico que se debe desarrollar mediante la educación y la adultez. Esta herramienta según Descartes permite distinguir lo verdadero de lo falso, a lo que se agregaría establecer principios o línea base, poner límites, sopesar variables y medir impactos en la resolución de un problema o en la toma de una decisión, en otras palabras, acercarse lo que más se pueda a la verdad.

Cuando se dice la verdad, se libera el espíritu y se forma el carácter, se madura. Pero la verdad no es la que yo pienso que es, ni la que utilizo sesgadamente para ganar un argumento o aplastar a mi adversario, la verdad es aquella que nace de la valoración de la experiencia a través del criterio. La sabiduría antigua y los sistemas que hemos logrado construir como humanidad, siendo la única especie capaz de simular e imaginar un futuro para cooperar, han sido complejos, por eso el criterio para juzgar debe ser flexible y capaz de conciliar el pasado, el presente y el futuro si queremos avanzar. No podemos aceptar dogmas absolutos, tenemos siempre que buscar la verdad aceptando nuestra ignorancia, eso es la civilización.

Aprendí desde muy pequeño que cada interacción social era un acto político como lo decía Aristóteles, una orden de papá o mamá, unas reglas en el colegio, los amigos para jugar fútbol, un trabajo, una conquista, un negocio, planear un viaje, todas son transacciones socio-políticas (incluidas las monetarias) porque tienen un componente de poder vertical u horizontal, un ejemplo: la relación política entre amigos es horizontal porque ambos tienen la misma jerarquía (poder), pero la transacción es emocional, se pueden llevar regular, bien o muy bien, pero hay una obligación intrínseca de mutuo apoyo.

Y las relaciones se basan en el lenguaje. Una buena conversación se da cuando realmente se escucha a la otra persona, siempre hay que asumir que el otro sabe algo que uno no sabe, pero no es tan fácil, de hecho intenten escucharse a ustedes mismos sin engañarse, es una tarea compleja. Por eso la filosofía es la expresión más pura del pensamiento, especialmente la escuela socrática que partía de la base “solo sé, que nada sé” y a partir de ahí empezaba una torrente de preguntas y diálogos que buscaban establecer criterios para acercarse a la verdad.

Los humanos nos motivamos por la seguridad (física, mental, jurídica, emocional), la pertenencia (familia, país, equipo, carro, casa), el honor y la libertad, estoy seguro que cualquier marchante se siente libre al protestar, honorable al demandar un mejor gobierno, perteneciente a un grupo, generación o comité del que haga parte y con el anhelo de poseer propiedad a través del trabajo, también seguro de sus argumentos, por ende el problema no es protestar, ni exigir, mucho menos criticar, el problema es el criterio con el que lo hacemos.

Cuando culpamos a alguien más por nuestros problemas o sufrimiento, empezamos en una espiral de inmadurez e irresponsabilidad que probablemente nos va hacer perder mucha energía y mucho tiempo, y estamos en un país supremamente inmaduro políticamente, hay un descontento generalizado con criterios válidos: la pobreza, la desigualdad y el desempleo. Sin embargo, se tramita una reforma con la mayor apuesta social en la historia del país para que los ricos ayuden a los pobres y a los jóvenes y estos últimos salen a oponerse a la reforma, entonces los criterios no eran los razonablemente mencionados sino otros muy lejanos a la verdad. Se critica la Ley 100 por falta de calidad y deficiencias en la prestación del servicio, se propone una reforma para superar esos obstáculos pero la tumban, otra vez la falta de criterio nos aleja de la verdad.

No estoy diciendo con lo anterior que tengamos que apoyar ciegamente todas las iniciativas del gobierno, ni que los de un lado u otro o ninguno tengan la verdad absoluta, recordemos que siempre hay varias versionas, las de las partes y la de los hechos. Pero los hechos tampoco pueden ser vistos como algo netamente material y científico sin ninguna explicación cultural, histórica o tribal, al fin y al cabo, tenemos el poder de imaginar. Por el contrario, lo que quiero proponer es que se recupere la dignidad y la altura en la sociedad, para eso se debe tener la humildad de buscar la verdad y la magnanimidad de aceptar criterios sólidos para iniciar diálogos y negociaciones antes de tomar decisiones.

La educación tiene un papel preponderante en la formación de una masa crítica, no criticona, no estamos en un partido de fútbol. Es inaceptable que el presupuesto de educación siga aumentando mientras la calidad sigue disminuyendo, es aún más trágico que la corrupción se volvió una pandemia en nuestro país y que la respuesta a la misma sea la violencia y no la política. Empecemos a responsabilizarnos por nuestros actos, no seamos cómplices de la corrupción para después salir a marchar, condenemos la corrupción en nuestros actos y en los de los conocidos para no tener que salir a marchar en el futuro, este país somos todos, el estado somos todos y vamos mucho más allá de nuestros políticos de turno. Antes de criticar al mundo, aprendamos a tender nuestra cama (yo no lo hago).

El criterio es ese difícil el matrimonio entre carácter y sensatez, es el que le da sentido a la vida porque encuentra el balance entre el orden y el caos. Por eso es tan importante definir los criterios bajo los cuales se le da sentido a la vida, porque si estos son muy débiles o egoístas, no solo será difícil ser feliz sino que jamás nos responsabilizaremos por nuestros actos y seguiremos culpando a otros, terminaremos miserables, resentidos y buscando siempre el placer inmediato. Como dijo Nietzsche “Aquel cuya vida tiene un por qué puede soportar casi cualquier cómo”.

Nota:

Hace poco leí que Margarita Rosa de Francisco dijo que tener hijos es una irresponsabilidad, los criterios que utilizo son totalitaristas (ese peligroso primo del liberalismo), que los recursos son finitos en el mundo y que la maldad existe en nuestra sociedad y es intrínseca al ser humano, como si la sociedad no fuéramos nosotros mismos. Espero que aún me falten muchos años para tener hijos (no estoy preparado), pero creo que es la demostración de generosidad, amor, evolución y progreso más palpable de un ser humano. Solidaridad con quienes no pueden tenerlos y respeto con quienes no quieren tenerlos, es una decisión libre, pero no una verdad absoluta.

El problema de los recursos lo resolveremos con políticas públicas audaces, gobiernos fuertes, sociedades cooperantes, empresas desarrolladoras y tecnología, el problema de la maldad es más complejo porque lo que construyen diez con las manos lo puede derrumbar uno con el codo, sin embargo, los últimos 50 años han sido los más pacíficos en la historia de la humanidad, mueren más personas por accidentes de tráfico o enfermedades crónicas que por violencia, crimen o terrorismo, aún los retos son muchos, pero la constante búsqueda de la verdad estableciendo como criterio unos altos estándares nos permitirán un presente con sacrificios para un futuro mejor.

@JuanPCamachoS

Publicado: mayo 21 de 2021