No hice campaña y nunca he votado por él, lo que no me impide asegurar que se trata de un dirigente respetable y honesto. El título de esta columna resume mi posición frente a la desconcertante medida de aseguramiento que le fue dictada a finales de la semana pasada.

Aníbal Gaviria se ha caracterizado por ser un gobernante eficiente y pulcro. Sus administraciones en Antioquia y Medellín, han sido aplaudidas por propios y extraños.

No voy a caer en la ligereza de descalificar los motivos por los que la fiscalía decidió privar de la libertad al gobernador Gaviria, pues no conozco los detalles de la investigación, lo que no me impide referirme al efecto devastador de esa medida que, por cierto, sienta un precedente delicadísimo. 

Empiezo por preguntarme qué pasó con la investigación que desde hace 15 años se venía adelantando en su contra. Por norma general, la justicia debe ser pronta y expedita. Las investigaciones deben adelantarse rápidamente para determinar si efectivamente hay afectaciones jurídicas y quiénes son los responsables de las mismas.

Aníbal Gaviria, cuya inocencia se mantiene incólume, empezó a ser investigado hace 3 lustros. ¿Por qué el proceso hasta ahora empezó a moverse?¿Qué pruebas hay en el expediente que hayan sido tan fuertes como para ordenar su captura después de tanto tiempo?

El fiscal Francisco Barbosa es un profesional de gran talante. Por eso, para el bien de la investigación, sin violar la reserva sumarial, él debería contarle al país el motivo real por el que fue perentorio dictar la medida de aseguramiento que, efectivamente, ha conmocionado a los antioqueños.  

Pero al margen de los tecnicismos jurídicos, es ineluctable que la detención de Gaviria se constituye en un duro golpe para un departamento que ha manejado óptimamente la crisis de salud pública que sufre nuestro país.

Este no es un asunto de regionalismo, sino de legítima preocupación por una región que se ha quedado sin gobernante en el peor de los momentos, como consecuencia de unos hechos ocurridos hace una década y media. Insisto en mi duda: si la situación fue tan grave como la están mostrando ahora desde la Fiscalía General, ¿por qué la justicia se demoró tanto tiempo en hacer su trabajo? 

Desde la perspectiva humana, me duele muchísimo lo que ha ocurrido. Conozco a la familia de Aníbal Gaviria y sé de su honorabilidad. En el cuatrienio anterior, tuve el privilegio de trabajar algunos asuntos relacionados con la defensa de las víctimas de las Farc con su hermana, la entonces senadora y hoy embajadora en Suiza, Sofía Gaviria. 

Los Gaviria, son trabajadores incansables y decentes. Son unos servidores públicos en todo el sentido de la palabra. 

Con ellos, se puede estar en desacuerdo frente a temas específicos, pero nunca a nadie se le ocurriría dudar de su transparencia. 

Y por eso, tengo la plena certeza de que tarde o temprano, Aníbal Gaviria Correa podrá aclarar su situación, dando las explicaciones que la justicia reclama. Recuperará su espacio en el escenario democrático dejando atrás este mal momento que además de afectarlo a él, a su familia y amigos, le ha hecho un gran daño a Antioquia, departamento que le reconoció su profesionalismo, liderazgo y capacidad de trabajo, llevándolo por segunda vez a la gobernación, en las elecciones de octubre del año pasado. 

Me apropio de las palabras del gobernador encargado de Antioquia, Luis Fernando Suárez, en su acto de posesión, para decir que escribí esta columna “con el corazón roto”.

@MargaritaRepo

Publicado: junio 9 de 2020