Corto, mediano y largo plazo: los tres existen y no son inventos médicos. Se trata de las presentaciones que puede tener la COVID-19 y que afectan a los pacientes. Estamos muy habituados con los dos primeros y hemos dejado a un lado la clínica tardía de esta afección viral. Son síntomas inespecíficos que se presentan después de los tres meses y abarcan toda una serie de manifestaciones que nos parece poco que sea clasificada como enfermedad. Múltiples publicaciones han demostrado que el 80% de los pacientes desarrollan uno o más señales a largo plazo. Fatiga (60%), dolor de cabeza (45%) y dificultades en la atención y en esto se basó la OMS para puntualizarlos y establecerlos como una entidad.

A nivel pulmonar existe la sensación de ahogo y de disminución de oxígeno en la sangre. Limitación para los usuales ejercicios físicos. Hay casos de trombosis y desde el punto de vista cardiovascular arritmias y fibrosis del miocardio. No es extraño ver un enfermo con SARS-Cov-2 que este medicado con anticoagulantes mientras pasa esta serie de complicaciones. Las alteraciones neurológicas son diversas y variadas: dolor de cabeza, confusión y fatiga. El paciente se muestra irritable y se confunde fácilmente. Algo interesante: “neblina mental” y de hechos recientes. Hay variabilidad en el afecto y los síntomas de depresión y ansiedad son unos de los acompañantes también en esta área. Hay que incluir manifestaciones del sistema nervioso autónomo: dificultades en la digestión, incontinencia urinaria y dificultad eréctil. No hay duda: la COVID-19 es una enfermedad sistémica. Se puede producir diabetes (endocrino). Hay alteración en los microbios intestinales y síndrome de mala absorción (digestivo) y, se puede alterar la tasa de filtración glomerular (lesión aguda en riñones). No olvidar que la caída del cabello está presente en el 25% de los individuos afectados.

Es curioso su aparición y como en las mujeres es más frecuente. Es usual la edad entre los 30 y 50 años. Todo se focaliza en el sistema inmunológico, en el género femenino es mucho más reactivo. Los síntomas pueden aparecer tres meses después de la enfermedad, pero no es extraño que nunca desaparecen completamente en estos meses. Las causas son múltiples: citosinas inflamatorias, un estado procoagulante previo y que el virus haya lesionado el tejido celular con la enfermedad.

Entre las investigaciones realizadas señalamos un estudio en Wuhan (China) donde se menciona el carácter multisistémico de la enfermedad y como 76% de los pacientes requieren hospitalización luego de seis meses. Hay enfermedad después de la primera infección y esto debe quedar muy claro. Otro marco teórico interesante señala que el sistema inmunológico produce respuesta de anticuerpo protectores hacia el antígeno viral. Estos mismos anticuerpos pueden desencadenar una nueva respuesta de anticuerpos hacia ellos mimos y son denominados los anticuerpos anti-idiotipo.  El caso de los niños resulta muy ilustrativo, la inmensa mayoría no desarrollan síntomas y solo un pequeño porcentaje clínica leve que pasan en forma espontánea. En la publicación Lancet de Salud Infantil, donde se recogieron 1.734 niños y adolescentes, menos de uno de cada 20 experimentó COVID. Uno de cada 50 tuvo síntomas durante más de ocho semanas. Se comporta como enfermedad benigna.

Las afecciones post COVID-19 son más frecuentes en el grupo que se enfermaron gravemente durante el contagio. Sin embargo y esta es una muy buena diferencia, los pacientes que tuvieron mínimos síntomas o COVID leve pueden presentar estas descargas inmunológicas tardías. Más aun, aquellos que tuvieron la enfermedad y no se han vacunado tienen mayor riesgo de presentarlas. No hay una prueba específica para diagnosticar con certeza una afección post COVID y en esto las ayudas del laboratorio pasan inadvertidas. Hay síntomas que son muy difíciles de clasificar y algunos terminan siendo una enfermedad concurrente pero no dependiente de ella. Así, una enfermedad debilitante que ocasiones fatiga y cansancio puede ser debido a un tumor y no guarda ninguna relación con alguna de las manifestaciones pulmonares de las afecciones posteriores.

El gobierno expidió la resolución número 1328 del 21 de julio del 2022 en donde se refrescan todas las normas y se vuelve obligatorio el uso del tapabocas. Hay que tener presente que el distanciamiento físico, el lavado de manos acompañan la medida de la mascarilla. Recuerdan que la mortalidad por COVID fueron 142.000 casos, con una tasa de 276.47 muertos por 100.000 habitantes. Anotan si aumento de sublunares de la variedad Ómicron lo cual obliga traer nuevamente a la mesa de prevención estas medidas sanitarias. Es cuestión de suspicacia y seguridad.

Diptongo: la COVID-19 esta entre nosotros.

@Rembertoburgose

Publicado: septiembre 30 de 2022