Le asiste toda la razón al presidente Duque cuando afirma que no existe el derecho al aborto. Hay vida desde el mismo instante de la concepción razón por la que el ser que se encuentra en proceso de gestación goza de todos los derechos.

Las activistas del feminismo extremo, acertadamente calificadas como ‘feminazis’ defienden la tesis de que ellas son libres de ejercer soberanía sobre su cuerpo, razón por la que deben tener el derecho de abortar cuando les dé la gana y en el momento en que les plazca.

El problema fundamental de ese razonamiento -enrevesado- es que el ejercicio de dicha “soberanía” afecta a otra persona: el bebé en gestación. 

El aborto, en cualquier caso, es un homicidio. El derecho fundamental a la vida les asiste tanto a la madre como al niño que lleva en su vientre. 

La constitución colombiana, que aún está vigente, dice en su preámbulo: “El pueblo de Colombia, en ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la nación y asegurar a sus integrantes la vida…decreta, sanciona y promulga la siguiente…”.

El debate sobre el aborto no se ha agotado y difícilmente llegará a su fin. Después de casi 50 años de controversia, la corte suprema de los Estados Unidos hizo un cambio jurisprudencial al tumbar la tristemente célebre sentencia ‘Roe Vs. Wade’.

La decisión le devolvió a cada uno de los 50 estados la facultad de legislar sobre el aborto. La sentencia, en resumidas cuentas, les quitaba el poder a los gobiernos estatales para decidir sobre esa materia, algo que iba en contravía de las bases de la federación americana. 

Tan pronto se hizo pública la decisión de la corte suprema, estados como Utah, Dakota del Sur, Alabama, Kentucky, Luisiana y Arkansas  ordenaron el cierre de las clínicas de aborto que había en su territorio.

De los 50 estados, en 20 existen leyes que permiten el aborto. Los ojos estarán puestos en las zonas donde aún no se ha legislado al respecto y donde seguramente se desatarán importantes debates en momentos en los que el gobierno demócrata tiene su popularidad por el piso, y el partido republicano está tomando un nuevo aire. 

En Colombia, el presidente Iván Duque hizo un pronunciamiento que resulta definitivo. En una cumbre sobre libertad religiosa, el primer mandatario de Colombia aseguró que “el aborto no es un método anticonceptivo. Si la vida empieza desde la concepción, interrumpirla es atentar contra la vida misma porque no existe un derecho al aborto. No existe el derecho a arrebatarle la vida a un ser con expectativa de entrar a la sociedad”.

El criterio del presidente de la República está íntimamente ligado a un lúcido concepto jurídico plasmado por el fallecido exmagistrado de la corte Constitucional Vladimiro Naranjo Mesa en una fenomenal sentencia de tutela. En su momento, Naranjo expresó: “El grupo, los llamados nasciturus, se encuentra protegido por el espectro de privilegios que la Carta Fundamental reserva para los niños. La tradición jurídica más acendrada que se compagina con la filosofía del estado social de derecho, ha reconocido que el nasciturus es sujeto de derechos en cuanto es un individuo de la especie humana”.

En esa misma sentencia, Naranjo concluyó: “…fortalecer la premisa de que los individuos que aún no han nacido, por la simple calidad de seres humanos, tienen garantizada desde el momento mismo de la concepción la protección de sus derechos fundamentales. La Constitución busca preservar al no nacido en aquello que le es connatural y esencial: la vida, la salud, la integridad física…”.

La discusión continúa abierta, pero la misma debe darse desde la premisa inmodificable planteada por el doctor Duque: no existe el derecho al aborto. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 8 de 2022