Estamos viviendo lo más parecido a una película de terror. A pesar de que el proceso de vacunación está andando en el país, hoy, un año después de la pandemia, las cifras de contagios son mucho más altas y la situación hospitalaria en el país es desoladora. Tenemos un 20% más de contagios si lo comparamos con el mismo periodo del año anterior. Una verdadera tragedia.

En mi caso personal, viví el más terrorífico capítulo. El 26 de enero de 2021, a la 1:53 a.m., de forma intempestiva y surreal, se apagó una luz de esperanza para Colombia. Murió mi papá a causa del COVID-19. Eso sí, murió, ante mis ojos y la de muchos colombianos que así me lo han manifestado, como un héroe nacional, como un soldado que lo dio todo por su patria, con las botas puestas y el pecho erguido, mostrando el honor que diariamente le produjo tan alta distinción, que desempeñó con la altura que siempre lo definió.   

Asumió el reto más grande de su vida, con la grandeza del ser humano que fue. Marcó línea, respetó y lo respetaron. Trabajó genuinamente por sembrar en cada uno de los miembros de nuestra fuerza pública, el sentir que despierta el honor institucional del uniforme, bastión de nuestra democracia. Enfrentó, defendiendo con brío, todos los ataques vilipendiosos de sectores que pretenden deslegitimarla y estigmatizarla.

En medio de la más ambiciosa cruzada contra el narcotráfico, por medio de herramientas tecnológicas, lideró una fuerza pública vigorosa, redoblando esfuerzos, sin escatimarlos, en primera línea de apoyo para el manejo de la pandemia, y ajeno, como todos, a cualquier dimensión previsible de la situación.

A pesar de ello, con la autoridad que me permite haber sido testigo personal, vi y escuché cómo en medio de tan desafiante e intimidante situación, impulsó la política de defensa, debatiendo, con la más excelsa categoría, todos los embates imaginables: políticos, sociales, ambientales, económicos.

Recuerdo la emoción que transmitía cuando retomó su agenda en las regiones, escuchando a la gente y entendiendo sus problemáticas para generar las condiciones que nos permitan vivir y trabajar tranquilos. Las películas de este género, a veces, tienen capítulos de tranquilidad y esperanza. Tuve la fortuna de vivirlos con él, pero tristemente con la emoción de no saber, de no entender, de no dimensionar y siquiera considerar que este largometraje fuera a impactar y por tanto a convertirse en el más doloroso capítulo de mi existencia. Y confieso, detesto las películas de terror. El dolor que esta película me ha causado, lo transformó en la más grande fortaleza.

A tres meses de tu partida, repito, honraré tu honorable vida todos los días, con la imborrable huella que me dejas y le dejas al país. Celebraré tu vida todos los días. Vivirás por siempre en mi corazón. Tu ejemplo será siempre mi guía, mi norte, mi fortaleza. El orgullo de tu grandeza en la tierra me mantendrá en pie. Tu legado será siempre mi fuente de inspiración y lucharé así como tu, con convicciones claras y posiciones firmes. Tu infinita vocación de servicio, tu patriotismo franco y abnegado, serán siempre el referente en mi actuar. 

Un honor a todas las víctimas del COVID-19 y a sus familias.

@CamiloTrujSaa

Publicado: abril 23 de 2021