De la nada, Claudia López cambió la fuente de financiación de la segunda línea del Metro. Ya no será enajenando acciones del GEB, sino vía endeudamiento. Una modificación que genera más preguntas que respuestas y que abre el camino para que la ciudad empiece a recorrer un peligroso camino de incremento de la deuda.

A lo largo de su campaña a la Alcaldía Claudia defendió la construcción de la segunda línea del Metro. Nunca detalló de dónde iba a sacar los recursos para sacar adelante el proyecto ni especificó los aspectos técnicos del mismo. Simplemente prometió llevar este nuevo sistema de transporte hasta Engativá y Suba, dos de las localidades más pobladas de la ciudad, lo cual se tradujo en votos clave para ganar la contienda.

Ya en el Palacio Liévano, la cuestión de fondo para viabilizar la segunda línea era su financiación. En un primer momento, durante la discusión del Presupuesto del 2022, el Distrito sostuvo que exploraría la posibilidad de enajenar el 9.4% de las acciones del Grupo de Energía de Bogotá – GEB para financiar la construcción de la obra, teniendo en cuenta que el Concejo, en el mandato Peñalosa, autorizó la venta del 20% y a la fecha solamente se había enajenado el 10.6%.

Sin embargo, en las últimas semanas la Alcaldía cambió de parecer y radicó un proyecto de acuerdo en el Cabildo con el que solicita la ampliación del cupo de endeudamiento por $5.8 billones, de los cuales $2.8 se destinarían a cubrir el aporte de la ciudad para la segunda línea.

Aunque en condiciones normales financiar este tipo de proyectos vía deuda no generaría mayor discusión, lo cierto es que las particularidades de Bogotá en los últimos años generan bastantes preocupaciones.

Por un lado, a Claudia López el Concejo le aprobó en 2020 un cupo de endeudamiento por $10.8 billones. Un monto exageradamente alto que a la fecha no se ha terminado de ejecutar y que, de aprobarse la nueva solicitud del Distrito, llevaría a que esta administración endeude a la ciudad por $16.6 billones en tan solo dos años y medio. Una barbaridad. 

Por otro lado, Bogotá históricamente ha sabido manejar correctamente sus finanzas y no hay razón para empezar ahora a hacer malabares con ellas. Por ley, las entidades territoriales no pueden tener una deuda acumulada superior al 40% de su ahorro, ese indicador para la ciudad ahora es del 4% y de aprobarse la nueva solicitud ascendería al 10%, lo cual restringiría considerablemente el margen de acción de las futuras administraciones.

Algo realmente preocupante. Recordemos, por ejemplo, que el Gobierno Santos disparó el endeudamiento de la Nación del 38.8% al 50% del PIB sin afrontar ninguna crisis externa, lo cual posteriormente sufrió el Presidente Duque al tener un cupo de deuda mucho más limitado para mitigar el impacto de la pandemia, lo que derivó, entre otras cosas, en que Colombia perdiera el grado de inversión al superar el 60% de deuda.

Además, no deja de ser extraño este repentino cambio de parecer del Distrito. ¿Por qué ya no se enajenarán las acciones del GEB? ¿Por qué solicitar un nuevo cupo de endeudamiento cuando ni siquiera se han finalizado los estudios técnicos de la segunda línea del Metro? ¿Cuál es el fundamento técnico de la Secretaría de Hacienda para modificar la fuente de financiación de la obra? 

Antes de aprobar el nuevo cupo de deuda, el Distrito debería responder estas preguntas ante el Concejo. Bogotá no ha tenido problemas de deuda en los últimos años y no es momento para que empiece a padecerlos. El afán de Claudia López de subir su favorabilidad a cómo de lugar no puede embarcar a la ciudad en una irresponsabilidad financiera que se sufrirá en el futuro.

@LuisFerCruz12

Publicado: mayo 18 de 2022