¿Blindaje? No. Imposición

Análisis de Carlos Holmes Trujillo

Precandidato a la Presidencia de la República

Acudiendo al realismo mágico constitucional y legal, dividiendo de manera artificial e irresponsable a los colombianos entre amigos de la paz y amigos de la guerra, y destrozando el orden jurídico bajo una supuesta sombrilla de juridicidad , el Gobierno lo que quiere es imponerle al país el acuerdo al que llegue con los FARC.

En desarrollo de esa estrategia, cada vez que suscribe algo, reclama como una gran victoria dizque la aceptación por parte del terrorismo de las instituciones.

Indigna que se pretenda engañar a los colombianos cabalgando sobre el anhelo colectivo de alcanzar la paz.

En materia de justicia, por ejemplo, el Presidente aceptó  el concepto de las FARC.

Lo que se acordó primero fue la creación de la comisión de la verdad, porque Timochenko y sus muchachos siempre han dicho que aquella verdad es el centro de la justicia real.

La delegación gubernamental aceptó la creación de la jurisdicción especial para la paz, toda vez que los descendientes de Tirofijo advirtieron que a ellos no se les podían aplicar las leyes que se le aplicaron a otros.

Y como sentenciaron que no pagarían ni un solo día de cárcel, Santos  le dio el visto bueno a que quede claro que los culpables de los más graves delitos que acepten su responsabilidad oportunamente serán sancionados con restricción de la libertad, no con la privación de la misma.

Esta es la verdad monda y lironda , así la quieran disfrazar con el cuento de que al fin se logró que las FARC reconozcan el poder  judicial colombiano.

No señoras y señores.

Carlos Holmes Trujillo García, precandidato a la Presidencia

Timochenko consiguió el diseño de un sistema que les garantiza que no habrá reclusión para ellos, que podrán ser elegidos inmediatamente, que no serán extraditados, y que usarán el tribunal para la paz con el fin de cobrarse todas las cuentas políticas que se les ocurra.

Lo mismo está ocurriendo ahora con el engaño y la mentira del blindaje.

Como el Presidente Santos no les puede garantizar nada porque carece de apoyo, su mandato está concluyendo y los socios de la unidad nacional empiezan a olfatear los aires del nuevo poder, lo llevaron a diseñar un verdadero engendro constitucional y legal con el que se pretende materializar la fábula del blindaje.

De la mesa de La Habana, que se convirtió en constituyente de hecho, los delegatarios del 2016 tomaron decisiones que el Congreso está obligado a acatar y cumplir.

Desde la isla les envían a los parlamentarios el texto de unos artículos que tienen que aprobar.

Además, hacen llegar instrucciones precisas acerca de que primero va una norma que tiene que incorporarse en el proyecto de acto legislativo que está en curso, después disponen que debe aprobarse una ley y , finalmente , les ordenan presentar un nuevo acto legislativo para que la genialidad de la jurisdicción especial para la paz haga parte de la Carta fundamental.

Para ser breve, en la práctica, el Gobierno y las FARC revocan el Congreso y lo sustituyen convirtiéndolo en un despacho notarial.

¡No les falta detalle !

También disponen que todo lo que se acuerde mañana es un acuerdo especial, sin importar la materia, por cuanto las conversaciones les permiten modificar el Derecho Internacional Humanitario y darle categoría constitucional a lo que se les venga en gana.

Y como se busca que al disfraz no le falte detalle, resuelven que los papeles con las respectivas rúbricas se lleven a Ginebra y Nueva York, con lo cual quieren satisfacer el delirio de que todo eso sea instrumento internacional , sin naturaleza de tratado, pero con la fuerza del mismo.

Están engañando y perdiendo el tiempo.

La única fuente de legitimidad, que es lo que garantiza sostenibilidad, es decir seguridad jurídica, lo que ahora llaman blindaje los constituyentes del 2016,  de lo que se acuerde, es la decisión de los colombianos.

La soberanía se desconoce no solo dejando de acudir al constituyente primario sino cuando se pretende hacerlo mediante un mecanismo que no es idóneo.

¡Que nadie se llame a engaño!

Es el pueblo, y solamente el pueblo, mediante su pronunciamiento, gracias  a la puesta en marcha del instrumento apropiado, que no es un plebiscito, el único que puede darle estabilidad a lo que el mismo apruebe.

De lo contrario, lo que quede en la Constitución podrá ser modificado, y de eso del instrumento internacional ni hablemos, porque el engendro acordado entre el Gobierno y las FARC  no tendrá jamás, óigase bien, jamás, fuerza de tratado, independientemente de la oficina en la que se radiquen los papeles.
@CarlosHolmesTru

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