La oposición tiene 3 bastiones sobre los cuales construirá una candidatura ganadora en 2018: el uribismo, Ordóñez y las iglesias.

Aunque el calendario electoral indique lo contrario, la campaña colombiana empezará en firme en la segunda semana de enero de 2017, cuando el país regrese de sus vacaciones navideñas.

El nivel de polarización y crispación que ha generado el presidente Santos por cuenta de haberle declarado la guerra a la mayoría ciudadana en aras de complacer a un reducido grupo de criminales, obliga a que la campaña política empiece prematuramente.  (Sobre este tema, también puede leer “Golpe de Estado”).

La oposición del NO tiene, fundamentalmente, 3 sectores muy fuertes en términos electorales. El primero de ellos es el Centro Democrático que cuenta con el importante capital electoral que le aporta el presidente Uribe. Desde que llegó al poder en 2002, el respaldo popular del que goza el exmandatario y hoy senador se ha ido consolidando con el paso del tiempo hasta haber convertido al uribismo en una corriente doctrinaria monolítica y con convicciones firmes. Y esos dos elementos convierten al Centro Democrático en una colectividad muy difícil de abatir en la arena electoral colombiana.

La prueba de ello está en las elecciones de 2014 en las que el CD presentó a un muy mal candidato, una persona distante y que produce desconfianza, como es Óscar Iván Zuluaga. A pesar de ello, gracias al liderazgo de Uribe, el Centro Democrático se impuso en la primera vuelta y estuvo a punto de ganar la segunda.

Y si quedan dudas de la capacidad de Uribe para ganar elecciones, basta con mirar el reciente resultado del plebiscito. Contra todo pronóstico, sin medios de comunicación, con pocos recursos económicos, con todo el establecimiento en contra y a pesar de la monstruosa maquinaria oficial, Uribe, con su cuenta de twitter y con el respaldo de unos pocos medios, todos ellos digitales, como fue el caso de LOS IRREVERENTES, logró imponer el NO en una operación con todos los matices bíblicos posibles, pues aquel resultado obligó a recordar el relato de la lucha entre David y Goliat recogida en el libro de Samuel del Antiguo Testamento.

Al Centro Democrático se suma un actor clave que es visto en la derecha colombiana como un líder natural: Alejandro Ordóñez.

Luego de su salida de la Procuraduría General de la Nación, se ha consolidado como una figura de relevancia y una opción política real. Durante los últimos años, Colombia ha virado hacia la derecha y Ordóñez es un hombre de firmes ideas conservadoras que representa el pensamiento de millones de electores.

Si bien es cierto que los líderes conservadores en el Congreso están entregados al gobierno de Santos, no menos lo es que la militancia de esa colectividad están del lado de personas como Alejandro Ordóñez y no de alguien como Álvaro Leyva Durán.

Con su discurso en defensa de los valores familiares, de la recuperación de la autoridad, Ordóñez recoge a un muy elevado porcentaje de electores. A ello hay que sumar su verticalidad en la lucha contra la corrupción mientras fue jefe del Ministerio Público.

Aquello le concede una credencial más en su aspiración presidencial. La corrupción que se ha exacerbado durante el gobierno de Santos amenaza con hacer colapsar a un país que se ha visto obligado a implementar reformas tributarias para llenar los huecos causados por los saqueos y la repartición de la denominada mermelada.

La tercera columna que sostiene a la coalición opositora son las iglesias cristianas que se han opuesto a los acuerdos con las Farc y a medidas nefastas que ha pretendido adoptar el gobierno de Santos, como la nefasta doctrina de género.

Los cristianos son disciplinados. Tienen organización y estructura política en muchos puntos de la geografía nacional. Suman un número importante de votos, razón por la que la coalición debe contar con ellos a la hora de las definiciones en materia de candidaturas.

Así las cosas, el Centro Democrático no puede dar pasos en falso. En el primer trimestre de 2017 tendrá lugar su convención y en ella no debe descartarse ninguna opción o alternativa.

La oposición debe ir sobre seguro en 2018 y para ello es fundamental que a la primera vuelta se llegue con unos candidatos a presidente y vicepresidente de coalición.

Pensar en alianzas después de la primera vuelta es una apuesta muy peligrosa y llena de riesgos.

Grandeza y pragmatismo deben ser las normas rectoras en la toma de decisiones a partir de enero, cuando empiece en forma la campaña por la recuperación del poder.

@IrreverentesCol