Fue, sobre todo, un acto de reivindicación y un homenaje a la banda terrorista M-19. Más allá de las sutilezas protocolarias, los mensajes no dejan espacio para las dudas: que la banda presidencial la impusiera la supuesta hija del terrorista Carlos Pizarro, hoy senadora a nombre del ‘Pacto Histórico’ y que hasta no hace mucho respondía al nombre de María José Barón, hoy Pizarro. 

La Plaza de Bolívar, donde hubo decenas de miles de personas, abarrotada de banderas de la guerrilla que en su momento sirvió como brazo armado del ‘Cartel de Medellín’. 

Tan pronto juró, impartió la orden de que los soldados de la ‘Casa Militar’ le llevaran la espada de Bolívar al acto. 

Un episodio que pudiera ser anecdótico será útil para prever el estilo del nuevo gobernante de los colombianos. Las leyes de protección del patrimonio son rigurosas respecto de los formalismos que deben cumplirse para el traslado de ese tipo de objetos, empezando por la adquisición previa de las correspondientes pólizas de seguro. Un gobernante, por poderoso que sea, no puede ordenar caprichosamente mover de un lado a otro las piezas que reposan en un museo nacional. 

La del 7 de agosto, más que la posesión del nuevo presidente de la República, fue la entronización del M-19.

El discurso de posesión, que para muchos fue una alocución retórica, cargada de buenas intenciones, tuvo mensajes extremadamente delicados. El principal: los mensajes delicados en relación con la lucha contra las drogas. 

Insistentemente, el nuevo mandatario de los colombianos se refirió a la política antidrogas partiendo de la discutible premisa de que la misma está perdida. Según él, la lucha contra los estupefacientes, debilita a los Estados que la libran. Aseguró que llegó el momento de introducir un cambio global en esa lucha. 

El hecho de que las drogas sigan existiendo a pesar del combate que se hace a las mismas, no es razón suficiente ni mucho menos válida para invocar el cese de la lucha. Desde siempre, la humanidad ha enfrentado a los delincuentes. A pesar de las sanciones que se les imponen y de las persecuciones a que son sometidos, la tasa de criminalidad en el planeta se mantiene al alza. Pero nadie puede aducir aquello para exhortar un cese de las acciones contra el delito en general. 

Lo cierto es que, por cuenta de la llamada ‘Paz Total’ del nuevo presidente de la República, Colombia se aproxima peligrosamente hacia el túnel que la convertirá en un narcoestado. 

Como es natural en él, Petro promotor de la lucha de clases, su discurso de posesión no estuvo desprovisto de señales que indican que lo que él llama “los ricos” del país estarán en la mira vengadora de su administración. 

Calificó como “amorales” a quienes según sus propias cuentas concentran en su poder el 70% de la riqueza nacional, sindicación que se concentra sobre el 10% de la población. 

Ambientó su reforma tributaria apelando al mensaje de la solidaridad y la justicia. 

Fiel a su estructura ideológica socialcomunista, anunció planificación gubernamental en el comercio internacional para efectos de garantizar lo que él llama “la seguridad alimentaria”. Nuevamente indicó que los agricultores colombianos deben dedicarse a la producción de maíz, uno de los productos más subsidiados y menos competitivos del planeta, precisamente por los apoyos que los Estados ricos le dan a quienes se dedican su cultivo. 

Muy delicado que en su intervención haya fijado un mensaje que debe encender las alarmas de la banca multilateral y los Estados con los que Colombia ha celebrado empréstitos. Dio a entender que como el país debe asumir la manutención de la selva amazónica que se constituye en uno de los pulmones del mundo, ese esfuerzo humano y financiero debe ser compensado de alguna manera, quizás con un replanteamiento de los compromisos nacionales en relación con el servicio de la deuda. 

También advirtió que los soldados de la Patria, en vez de cumplir con sus deberes constitucionales y legales, serán desplegados para que participen en la construcción de distritos de riego y casa de interés social. 

Más allá de lo que haya dicho o dejado de decir, la incertidumbre respecto de Petro es absoluta. Su gobierno, en el que participarán ministros de la peor calaña como la comunista y aliada de los terroristas de las Farc, Gloria Inés Ramírez, una delincuente peligrosa e impune que a partir de ahora fungirá como ministra de Trabajo, será un ajuste de cuentas de la extrema izquierda con la democracia liberal. El de la Ramírez no es, ni mucho menos, el único nombramiento al que le caben cuestionamientos éticos y legales. Habrá tiempo para analizar los demás colaboradores del nuevo mandatario. 

Vienen tiempos difíciles para la democracia. En cuestión de muy pocos días se podrá confirmar el estilo gansteril del nuevo gobierno que llega en gavilla a hacer de las suyas. De eso no hay duda alguna. 

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 8 de 2022