En la política espectáculo de nuestro siglo se ha creado la costumbre de nombrar o elegir en los cargos más altos del Estado personas sin experiencia en el campo electoral, sin experticia en los temas que manejan y con mérito medio-alto en la administración pública. Por supuesto que los gobernantes necesitan funcionarios idóneos y de absoluta confianza, es claro que la democracia necesita renovarse y que votemos por figuras emergentes. Lo que no podemos perder de vista es que gritar, mentir, calumniar o ser amigo no deben ser indicadores de idoneidad. Ni siquiera la experiencia y los estudios de la tirana pero necesaria meritocracia, son suficientes para para ocupar tan altas dignidades.

La política es una ciencia humana y no hay un menú específico para cada cargo, porque además de improbable seria antidemocrático, tenemos los ciudadanos entonces el deber de votar por personas aptas para sus cargos y los gobernantes tienen el deber de nombrar a los mejores posibles para que los acompañen. Nuestro joven presidente es un hombre decente, aguerrido y conciliador a la vez, cualidad difícil de lograr. Además, es inteligente y ágil, del manejo que le de a la pandemia, a la economía y a la seguridad este año, dependerá gran parte de su legado. Le tomo un tiempo coger ritmo, algunos nombramientos son acertados como el de Diego Molano y otros muy decepcionantes, pero en general es un gobierno que quiere la estabilidad del país basado en legalidad, equidad y emprendimiento. Por eso le creo al presidente Duque cuando dice que es de extremo centro, su centro es Colombia, las cifras lo avalan (tema para otra columna a final de año).

El otro caso de aprendizaje que no ha sido tan exitoso es el de Claudia López, a pesar de su popularidad menguante que se explica por muchas razones políticas profundas y otras superficiales, sus resultados como administradora de Bogotá han sido deficientes. La alcaldesa llegó al poder después de una vida dedicada a lo público, desde muy joven empezó en las lides de la política como una activista contestataria, ese rasgo de liderazgo tan colombiano que no alcanza a ser revolucionario y tampoco es constructivo, pero que de vez en cuando sirve para destapar ciertas ollas podridas. Aunque nunca votaría por Claudia López por diferencias de fondo y especialmente de forma, creo que era una voz importante en el senado denunciando, cuando no calumniaba y se dedicaba a hacer debates serios era una parlamentaria formidable. Su formación profesional, su activismo en la séptima papeleta, su denuncia valiente de la parapolítica y su inmensa votación en el 2018, respaldada por una implacable maquinaria mediática, la avalaron para ser una senadora alternativa, sin mucha coherencia pero con mucha energía y argumentos.

Pero en materia de administración más bien poco, su olvidado paso por el gabinete en la primera alcaldía de Peñalosa y sus desconocidos resultados administrativos en la alcaldía de la localidad de Santa Fe no eran una credencial muy fuerte para dirigir una de las 40 ciudades más pobladas del mundo cuya economía mueve 1 de cada 4 pesos en el país. Es cierto que estrenando el cargo le tocó bailar con la más fea, pero la improvisación de Corferias, las constantes peleas con el gobierno central, no se sabe si motivadas por los nervios de la novedad y su inexperiencia o por puro oportunismo político, hicieron que el liderazgo que demostró al comienzo se fuera diluyendo como lo ha venido haciendo su administración, la popularidad que le queda está más afincada en el animo rebelde que siempre ha caracterizado a nuestra ciudad más que por una verdadera aprobación a su gestión como alcaldesa.

La economía esta maltrecha por obvias razones, inclusive ser la ciudad con el indicie de desempleo más alto en el país se debe a un contexto que es ajeno a su gestión, pero hay otros indicadores que nos hacen prender las alarmas de cual es el tipo de liderazgo que queremos y cuales son los resultados que debemos exigir como ciudadanía. Se cobro la valorización a pesar de prometer en campaña lo contrario, las obras siguen quietas. En el hospital de Corferias se perdieron al parecer $15.000 millones de pesos, puede ser más. Los homicidios crecieron en el 2020 después de muchos años descendiendo, el hurto a bicicletas también. Se prometieron 4.000 UCIS, hay menos de 3.000 y la mayoría gestionadas por el gobierno nacional. Nos preguntamos en que van las obras y porque a esta hora no ha llegado el POT al Concejo de Bogotá. En materia de educación más bien poco y en materia de ambiente va muy lenta la implementación de vehículos eléctricos y la descontaminación del rio Bogotá.

En lo personal creo que le faltaba una experiencia más en el tema administrativo y por qué no, algo más de política haciendo denuncias en el senado. Para ser alcalde se necesita y mucho. Aún es muy temprano para dar un veredicto, creo que la revocatoria es un instrumento innecesario en medio de la tragedia que estamos viviendo, pero no queda duda que a la alcaldesa le iría muy mal pasando al tablero, esperemos que la curva de conocimiento tan difícil le ayude para que termine su mandato aprendiendo a gobernar.

Nota: Duele la muerte de un gran señor como Carlos Holmes Trujillo, decente, líder y estadista. Todo el aprecio y fuerza para su familia y para las familias de las más de 2 millones de víctimas de esta terrible pandemia.

Libro de la semana: La Física del Poder. De Cristina Mendoza y Patricia Salazar.

Un relato descriptivo de la vida, obra y pensamiento de una de las líderes más importantes de occidente. Angela Merkel es el resultado de su historia, por eso la moderación y la estabilidad son pilares de sus políticas, su liderazgo lo ejerce basada en hechos científicos y reflexiones profundas, conciliando la razón con su profunda espiritualidad luterana. La líder conservadora más importante de los últimos tiempos es vanguardista en materia de inmigración puesto que desde pequeña respiro empatía.

@JuanPCamachoS

Publicado: febrero 5 de 2021