Si hay algo que debemos tener claro es que la historia se repite. El mundo está ad portas de una recesión mundial. Seguimos sintiendo los rezagos que nos dejó la pandemia del Covid-19. Acerquémonos a Europa. Aprendamos y no tomemos las mismas decisiones.

La perestroika para el mundo fue un gran suceso, el hecho de haber acabado esa guerra fría entre dos grandes potencias marcaba un cambio hacia futuro. El hecho del renacimiento de muchos países que estuvieron subyugados hacía historia, y Rusia empezaba una nueva vida como democracia.

Poco a poco se empieza a incorporar a la economía de mercado con muchísimos inconvenientes: la falta de competencia interna, un sector financiero precario, muchas empresas obsoletas, entre otras cosas, pero, en cambio, sí, un gran poderío en materias primas, una gran producción de petróleo y de gas con el cual empezó a comercializar por el mundo y especialmente por Europa.

Los países europeos se relajaron y empezaron a depender del gas ruso. Veían cómo este país se acomodaba cada día más a la economía de mercado. Por otro lado, las inversiones de los grandes millonarios rusos se tomaban equipos deportivos y empresas emblemáticas de Europa.

Lo que los países europeos no pensaron era que después de tantos años de dictadura y de mercado negro fuera a llegar al poder un personaje como Putin, que desde principios del siglo ha venido manejando a Rusia a su antojo, de manera personal y en cuerpo ajeno. Ahora, cuando decide ir por Ucrania buscando volver a ser la potencia o el imperio que algún día fue, genera una reacción internacional válida, la cual termina por dañar las relaciones de Rusia con el resto del mundo. Esto acaba por dejar a los países europeos en un gran riesgo por el gas ruso, al extremo que países como Suiza está multando a las personas que mal utilicen el gas obteniendo un mayor calor a 19 grados en sus apartamentos.

Hoy, obviamente mirando hacia atrás, se dan cuenta del grave error que cometieron en convertirse dependientes de su seguridad energética de un país como Rusia con grandes problemas políticos y con una democracia poco sólida.

Eso no nos puede pasar a nosotros. Colombia ha venido desde hace años consolidando unas producciones y reservas de gas y petróleo que nos hacen poco vulnerables a las volatilidades propias de los mercados, pero sobre todo a vecinos que, siendo grandes productores, sus democracias son vulnerables y corruptas.

El intento que busca el gobierno Petro que empecemos a importar gas de Venezuela y que dependamos energéticamente de ellos es un error fatal. En Colombia debemos seguir buscando yacimientos de gas y manteniendo nuestra seguridad energética intacta.

Que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Venezuela sirva para muchas cosas, el comercio en la frontera, el aumento del comercio bilateral, el manejo de los indocumentados y la migración etc., pero no nos metamos a cambiar la política energética y cometamos el error de depender de un país que su gobierno actual ha demostrado no tener respeto por las instituciones propias y de sus vecinos.

A la ministra filósofa vale la pena recordarle que el CO2 se produce cuando se utiliza el gas y no cuando se extrae de manera que importando gas no mejoramos el aire del mundo, lo que sí logramos es el decrecimiento de nuestra economía.

@SANTAMARIAURIBE

Publicado: septiembre 12 de 2022