Escuche esta historia que sucedió en Cotorra, municipio del departamento de Córdoba a quien el Rio Sinú bendice tangencialmente en su casco occidental. Existía una señora con reconocidos poderes predictivos a quienes los habitantes consultaban. Pintaba el futuro, curaba enfermedades, anunciaba tragedias. Agricultores y ganaderos escuchaban sus recomendaciones sobre el invierno venidero y cuando la Ciénaga Grande se enfurecía le pedían oraciones para que la creciente no inundara el pueblo. Un día llegó un forastero y durante un tiempo convivió con la dama. Nadie recuerda su cara. Lo cierto es que llegó un verano y se fue cuando aterrizaron las garzas en la Ciénaga y desprendidas limpiaron el lomo de las vacas. El aburrimiento de Cotorra lo cambió el embarazo y parto de la señora. En la medida que la hija iba creciendo se disminuían los aciertos y cura de la “Milagrosa”. Los fantasmas del Medio Sinú comenzaran a zumbar de creencias populares: la niña era hija del diablo quien le había transmitidos especiales poderes de maleficio y quitado los de la madre. Si la chiquilla miraba con sorpresa a alguien, le daba un infarto. Si orinaba cerca del rio, habría inundaciones. Si arrancaba un mango biche la cosecha daría pérdida o si tocaba un ternero a este señalado lo mataba un rayo. La madre precavida la tenía encerrada en su casa y en esa imaginación mágica empezaron “las apariciones de la niña, horas de madrugada, en los patios de los vecinos,”. Mal agüero, sitio donde le veían, algo malo pasaba

El temor se apoderó de Cotorra y su gente. La Junta Comunal decidió expulsar a la “Milagrosa” y su hija. Se discutió incluso la conveniencia de quemar su espíritu a orillas del Sinú. Fue tanto el impacto que el médico rural acudió a la División de Salud Mental de la Secretaría de Salud y el recursivo psiquiatra, doctor JLM, viajó con una delegación y autoridades para hacer una psicoterapia a la población. Finalmente se enderezaron los ánimos y la niña abandonó la región. Se fue donde una pariente en Antioquia.

Este fenómeno ocurrido en Cotorra se denomina Histeria Colectiva. Se le llama psicosis de masa o comportamiento obsesivo colectivo. En un periodo de tiempo, un grupo poblacional, con similares problemas sociales y ambientales, comienza a desarrollar ataques de pánico y de ansiedad que perturba la tranquilidad de los habitantes acompañados de síntomas físicos y psíquicos altamente contagiosos. La última que recuerdo fueron los desmayos de las niñas del Carmen de Bolívar y la vacuna del papiloma humano. El Instituto Nacional de Salud demostró que no había enfermedad orgánica de base. Excepcional: la sugestión colectiva y por supuesto, las luces deben enfocar un responsable.

En estos dos años de pandemia he venido siguiendo nuestras emociones, como registran su problema y cuál es la visión futura de país. De incertidumbre, miedo y pesimismo son las escalas emocionales. La COVID, el desempleo y la corrupción han variado la percepción de los problemas. He visto las preferencias electorales y como en su mayoría piensan que el país va mal. Se ha disminuido el desempleo (está cerca del 15%) y las tasas de crecimiento económico (17,5% último trimestre) no impacta en el afecto y optimismo de los colombianos.

En las últimas seis semanas he notado un prototipo de respuestas ante amenazas o suposiciones que permite diagnosticar Síndrome de Ansiedad Colectiva entre los colombianos. Futuro incierto, por ejemplo: ¿Para que este sacrificio si con este candidato no voy a ver retorno? ¡Quería hacer un préstamo para tecnificar algo en la tierrita! ¡No vale la pena, me la van a a quitar! Volatilidad en los proyectos: encargué un carrito para mis trabajos pues el año entrante no tendremos importados. Ante la incertidumbre: estoy vendiendo lo que tengo y mandando para el exterior, no se puede tener nada acá pues te lo van a arrebatar. Quería hacer un post grado, pero no me endeudo en dólares. Impacto en el bienestar: se me ha subido la tensión arterial y no duermo pues tengo mucho susto con mi futuro.         

Ejemplo cercano, al nuevo mandatario de Perú Pedro Castillo, le piden: ¿porque no te callas? Cada anuncio que hace aleja las inversiones extranjeras, incrementa la fuga de capitales y dispara la inflación. Sin dudas: induce ansiedad.

Algo bueno con esta psicología de masa o enfermedad sociogénica es que las personas manifiesten lo que están sintiendo y no se dediquen a rumiar las emociones. El futuro caótico que estamos presintiendo no puede manejar nuestro presente. Las redes sociales, las encuestas y los medios irresponsables son alfiles que empujan hacia la zozobra y el pesimismo. Nos hacen ver la libertad amenazada y la democracia en el precipicio. Más bien, ante la ansiedad de país, debe aparecer el antídoto en Colombia: el alma colectiva.

Hay que buscar ese día en que cambiemos el “yo” por el “nos” y que los problemas particulares desparezcan para darle paso a las soluciones colectivas. El alma colectiva exige la empatía cognitiva, pero sobre todo la empatía emocional, esto la hace invencible. Si no encontramos la ruta del liderazgo moral pronto el síndrome de ansiedad colectiva estallará el cerebro de los colombianos.

Diptongo:

Vieron llorar las garzas de la ciénaga Grande del Bajo Sinú porque no encontraron las espumas azules. Solo fecales embarcados en Montería… los responsables, indolentes, pavoneándose en otras latitudes.

@Rembertoburgose

Publicado: noviembre 19 de 2021