Como luz en la oscuridad, esa es la representación gráfica de la visita del Santo Padre a la Colombia que sufre y vive la mentira de una paz que no ha llegado o que por lo menos no ha alcanzado a todos. El Papa Francisco nos acompañó durante 5 días recorriendo diferentes ciudades; Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena, en todos muy bien recibido, diría que aclamado, muestra de un pueblo que cree y tiene fe, pidiendo a gritos un descanso para el alma y para el corazón.

Un ambiente de calma y frescura, se vivió con la presencia de Francisco, de mensajes bonitos y las reflexiones compartidas por su Santidad, se apoderaron del pensamiento de los creyentes y de los no creyentes, que por algunos días se dejaron conquistar por el carisma del Sumo Pontífice. Y cómo no caer bajo el efecto hipnótico de una persona, pura, sencilla y transparente, que como quien anima al que ya no tiene aliento, llega a recordarnos que es posible que este país retome el rumbo y alcance la verdadera paz, con justicia y verdad.

A pesar de que las cosas que dijo, no son novedad, si resultaron reconfortantes y energizantes, podría decirse que de la boca del Papa nace poesía pura, de esa que oxigena, anima y purifica. Primero conquistó a los jóvenes desde la capital del país, les recordó que aunque se vivan momentos difíciles el amor del Padre es infinito “Han vivido momentos difíciles y oscuros, pero el Señor está cerca de ustedes, en el corazón de cada hijo e hija de este País. Él no es selectivo, no excluye a nadie sino que abraza a todos; y todos somos importantes y necesarios para Él.”  El Papa, más que una visita histórica o un momento hermoso, nos dejó claves para construir la sociedad y el país que necesitamos.

“Nos invito al compromiso, no al cumplimiento, en la renovación de la sociedad, para que sea  justa,  estable,  fecunda.  A  diferencia de quienes creían que la visita espiritual y religiosa del Papa se convertiría en el espaldarazo que necesitaban algunos para sumar puntos y ganar popularidad, frases como estas, les demuestra que la sabiduría de este hombre, no genera más que conceptos acertados para la construcción y la sana convivencia en sociedad.

En la homilía celebrada en el Parque Simón Bolívar, nos recordó lo importante que es cuidar, preservar y proteger la vida humana, valioso tesoro y regalo de Dios, además de reafirmar el compromiso que debemos tener con nuestros niños, niñas, ancianos y personas en condición de discapacidad. Este me parece que es un buen llamado al Gobierno Nacional, para que además de fijar sus ojos en complacer los caprichos de quienes por años nos han sometido al dolor, recuerde que el futuro de Colombia pende de un hilo, de no dar el trato digno que merecen nuestros niños y jóvenes, que esperan mucho más que derroche e indiferencia por parte del mandatario de su país.

Fue  muy claro y preciso, en cuanto al uso de la palabra reconciliación, no puede ser esta, una excusa para justificar lo injustificable, es preciso dar ejemplo mediante la sanción necesaria para enmendar los errores cometidos y de esta manera reparar el agravio, generando y sembrando en el corazón del otro el verdadero perdón, la reconciliación no puede tomar caminos injustos, para satisfacer a pocos y dejar con dolores a muchos.

El Papa que aterrizó el pasado miércoles en Colombia, tenía un objetivo, recordarnos lo importante que es mirar con misericordia la miseria ajena, ayudar al hermano en problemas y ofrecerle ayuda, para no solo comprender su situación,  sino que además, aprender de ella, todo dentro de la dinámica de estructuración de una sociedad justa y comprometida con la verdad, el interés propio no puede primar ante el bien común, debemos erradicar el pensamiento egoísta.

Todos y cada uno de nosotros merece un trato justo, aquellos que deben ser reparados deben serlo y no un poco o a medias, deben ser tratados con justicia y transparencia, “María de Chiquinquirá y Pedro Claver nos invitan a trabajar por la dignidad de todos nuestros hermanos, en especial por los pobres y descartados de la sociedad, por aquellos que son abandonados, por los emigrantes, por los que sufren la violencia y la trata. Todos ellos tienen su dignidad y son imagen viva de Dios”

Por último, la frase del Papa francisco que dio la estocada final y que acertó a la realidad que estamos viviendo, atacando de frente a la falta de ética que ha permeado hasta las fibras más profundas de nuestro país es “El diablo entra por el bolsillo” por estos días, que los incorruptibles se han visto inmersos en escándalos de corrupción, donde el dinero prima como arma para dañar los buenos principios de nuestras instituciones.

No podemos permitir que la palabras paz y perdón sean usadas para engañar y dar impunidad a quienes deben pagar por sus actos. Esperemos que este mensaje no sea moda o tendencia por algunos días, siempre es bueno recordar las cosas que valen la pena, ojalá y todos los colombianos nos demos la oportunidad de no olvidar tan valiosas enseñanzas.

@RigobertoBaronN

Publicado: septiembre 16 de 2017