Agnósicos visuales

Agnósicos visuales

Estos días secos llegaron después de la temporada de lluvias de mitad de año a las sabanas del viejo Bolívar: Córdoba y Sucre están viviendo unas semanas sin agua y con unas temperaturas en donde el calor sofoca y oprime a la población. Los agricultores, preocupados. Sin lluvia no germinará lo plantado y es la ruleta meteorológica que se han acostumbrado a jugar los trabajadores del campo. Hay que cultivar el agua: sembrar y cosechar.

Aprovechando una mañana fresca salí a mi caminada rutinaria de una hora en Montería. El calor no les ha quitado el verde a los campos y que mejor sitio para el ejercicio que un paseo por el parque lineal mas largo del mundo: la Ronda del Sinú y su sector en el norte de la ciudad. El barrio El Recreo ya no es el de mi infancia: hay algunas casas tradicionales y los lotes vacíos se agotaron. Se levantan altos edificios, señas del urbanismo acelerado de la ciudad y quienes aprovechan las calles como parqueaderos son los propietarios de estos lujosos apartamentos. Por cierto, ¿porque no pagan su uso? Triste ver como casas de mi generación, de quienes antaño fueron mis vecinos, son hoy atrevidos centros comerciales que le han hecho gambeta a las normas de urbanismo y congestionan la entrada de los colindantes. Bienvenido el crecimiento de Montería, pero el desarrollo debe ser armónico y no puede esquivar las normas de planeación municipal. Es quizás el fundamento de la ética y caballerosidad ciudadana.

Voy buscando su ribera, el Sinú solemne y majestuoso va rio arriba. Desde esta orilla la margen izquierda se ve exuberante. Contenido por sus barrancas el rio llega hasta el borde e irriga estos valles catalogados como los más fértiles del mundo. Son los bendecidos vasos comunicantes naturales Esta es nuestra reserva agroindustrial y que debemos proteger con celo enorme, como cuida una hembra recién parida su cría, pues es la despensa del desarrollo regional. Camino por la Ronda del Norte y entre sus mangos hoy puerperales y palmeras frescas veo una estructura que se levanta de espaldas al rio, fotografía su comportamiento. Es su imagen, así quieran los conflictos de interés o de elusión de responsabilidad maquillarla. El edificio de la Corporación de los Valles del Sinú y San Jorge, cuyo compromiso sagrado es cuidar nuestro más preciado recurso. La cuenca del Sinú, 14.000 mil kilómetros y músculo de 16 municipios cordobeses. El de la leyenda del Zenú con la ortografía errada y el que ha inspirado por sus espumas melódicas el lenguaje universal de los porros.

Inmediatamente viene a mi mente un curioso trastorno neurológico: agnosia visual. Es simplemente, pensar que nosotros vemos por los ojos. ¡Para mirar, hay que interpretar! Para analizar la realidad el cerebro acude a las áreas de asociación, esas que permiten al individuo descifrar las realidades de la percepción visual. El paciente agnósico conserva la capacidad de ver y su vía visual esta perfecta. Sin embargo, pierde la capacidad de interpretar y este daño está en la corteza visual que se ubica en el lóbulo occipital. Son los ciegos cerebrales. Están imposibilitados para reconocer objetos, situaciones, realidades.

Desconocer la contaminación del Rio Sinú desde su nacimiento, lo que recibe en su recorrido y los vertimientos de aguas residuales con los desechos -cloacas- que recibe en su paso por Montería, desde donde parten borbotones de coliforme a las poblaciones arriba, convierte a la CVS en una entidad con una agnosia visual que se niega cuidar a los cordobeses. Se la llevó el remolino de la politiquería. Gratitud hacia sus profesionales de carrera, pero deploro y rechazo que los perfiles de su directiva no tengan la estatura para mayúscula responsabilidad.

@Rembertoburgose

Publicado: agosto 27 de 2021