Aunque algunos sectores quieran defender lo indefendible, Migración Colombia procedió correctamente al expulsar del País a la Alemana de la primera línea. La cordialidad de Colombia con los extranjeros no se puede convertir en una habilitación indolente para que estos perturben el orden público.

En este caso hay que tener en cuenta varias cosas. En primer lugar, la ciudadana alemana entró al País en condición de turista y ese estatus migratorio no la habilita para atacar a la Fuerza Pública a través de la primera línea. Claro que puede tomar fotos, videos y reportar lo que está sucediendo en las marchas, pero no integrarse con una organización cuya actividad raya con el Código Penal.

En segundo lugar, la Constitución le otorga al Gobierno Nacional la posibilidad de expulsar discrecionalmente a cualquier extranjero que esté en el territorio nacional. Es decir, acá no estamos hablando de un acto arbitrario o ilegal, sino del ejercicio de las facultades constitucionales con que cuenta Migración Colombia y que ha sido avalado por la Corte Constitucional.

En tercer lugar, en mi concepto Migración actúo de manera oportuna. El Gobierno no puede permitir que extranjeros participen en alteraciones del orden público y atenten contra la Policía Nacional sin que haya consecuencias. La preservación de la integridad y el desarrollo productivo del País no puede verse afectado por ningún actor, nacional o no.

Además, acá no estamos hablando que el Gobierno está metiendo a la cárcel a los extranjeros de manera arbitraria como en Cuba o Venezuela. Migración respetó el debido proceso de la ciudadana alemana, adelantó el trámite con acompañamiento de la embajada y procedió a su expulsión respetando sus derechos y acatando un procedimiento que es respaldado por nuestro ordenamiento legal.

Ahora bien, si de algo ha servido esta coyuntura es para hacer énfasis en la crucial labor esta entidad. De hecho, Migración está en mora de fortalecer su accionar para identificar y expulsar a todos los foráneos que se involucran en los bloqueos y paros.

Y no nos digamos mentiras, para nadie es un secreto que gran parte de lo que sucedió en el paro de mayo fue consecuencia de un estructurado plan de desestabilización que contó con una participación nunca antes vista de personas. Demasiada para ser normal y que nos da pie para pensar que un segmento de esos 1.7 millones de migrantes que han ingresado al territorio nacional en los últimos años estuvieron involucrados en los desmanes.

Colombia siempre ha sido y seguirá siendo un País de puertas abiertas, pero bajo ninguna circunstancia se puede tolerar que extranjeros se involucren en alteraciones al orden público. Las labores de inteligencia de la Fuerza Pública se requieren cada vez más y deben ir de la mano de un trabajo coordinado con Migración para expulsar con determinación a todo aquel que atente contra un soldado, policía o viole las leyes del País.

@Tatacabello

Publicado: julio 30 de 2021