Agri – Cultura

La cultura de trabajo del agro y la utilización adecuada de los recursos naturales son la base del desarrollo socioeconómico de todas las naciones. Si no producimos comida y minerales no se puede trabajar, si no se trabaja no se genera valor y dinero para que haya crecimiento y desarrollo en un país o una región.

En la era digital a los citadinos los embiste una boñiga y no entienden cómo funciona la naturaleza ni que vivimos en un trópico malsano y en una geografía tan diversa y compleja como accidentada. No entienden que nada del mundo real es inmediato como en el digital, y que en la naturaleza es la que determina sus tiempos y nada ocurre por osmosis ni resulta por generación espontánea. Por tanto, todos los procesos de trabajo del hombre con la tierra son un asunto cultural fundamentado en conocimientos que se desarrollan a partir de la educación técnica y empírica que solo se adquieren trabajando el campo a lo largo la su vida.

Hay dos conceptos que los políticos colombianos modernos ignoran totalmente; el primero, es la diversidad de la tierra en el trópico-andino y que por ende no es lógico ni responsable hablar de millones de hectáreas aptas para el desarrollo del campo por medio de la agricultura; y el segundo, que la razón de propiedad promedio en el país no supera la hectárea y que a menor extensión de terreno homogéneo disponible mayor es la necesidad intensiva de capital, tecnología, conocimientos, mano de obra calificada y sistemas automatizados, se diluyen las economías, y por tanto no se puede hablar de reformas agrarias a partir del “latifundismo terrateniente”, y hay que entender cuál es la debida utilización de cada terreno según sus condiciones naturales y reales.

La creación e implementación de políticas públicas en materia de la cultura del agro en Colombia para por alto esos dos conceptos básicos y que aquí, lo propio de la tierra son cultivos tropicales y que la sostenibilidad del agro demanda procesos de forestas, aforestación y reforestación, naturales y planificados, un manejo adecuado de aguas, un control constante de pestes y malezas y continua mejora de suelos que tienen que trabajar perpetuamente sin descanso. 

Las corbatas que diseñan las políticas agropecuarias si quieren entender la cultura del Agro y sus posibilidades y limitaciones en Colombia deben tener en cuenta los siguientes elementos:

1. Seguridad física. La vida en el campo colombiano es peligrosa, invivible, no se puede trabajar productiva y eficientemente.

2. El Agro colombiano es tropical- andino. Se caracteriza porque no hay estaciones, por una exuberancia continua en función de la fotosíntesis prácticamente exclusiva para cultivos tropicales, y una geografía muy accidentada, totalmente diversa y cambiante y que cuenta con dos sistemas de lluvias diferentes; en las zonas de valles y montañas trimestrales, y semestrales en planicies.

3. Multiplicidad de microclimas, micro suelos y altitudes. El agro colombiano es heterogéneo no es homogéneo, todo cambia constantemente en distancias cortas, y en general está representada por suelos ácidos y capas vegetales escasas que necesitan corregir su PH y ser mejoradas u optimizadas constantemente.

4.  Nuestra infraestructura rural es muy precaria. Salvo pocas excepciones el país no ofrece condiciones óptimas de transporte especializado, manejo integrado se aguas, con presas, generadoras canales y riegos, no son competitivos ni eficientes la energía, los costos de insumos, semillas y material genético, ni los sistemas de comunicaciones información y predicción climática.

5. No tenemos los centros de investigación y desarrollo ni los servicios de extensionismo requeridos. Con pocas excepciones el país no tiene el conocimiento para innovar y crear y entregar paquetes tecnológicos completos y adecuados.

6. No tenemos los recursos ni mecanismos financieros y de servicios complementarios para el agro. Incentivos, cooperativas, empacadoras y créditos de mediano y largo plazo, aseguramiento, ni información técnica y de mercados, apoyo a la cosecha, postcosecha, cadenas de frio, comercialización y mercadeo eficientes.

7. Necesitamos formar directamente en los campos mano de obra especializada y juventud en conocimientos en cultura agrícola y pecuaria.

Comprendamos que no vivimos en una zona agrícola meridional ni mediterránea, que no somos ni seremos la despensa alimenticia del mundo, tenemos una compleja ruralidad tropical-andina en la que la garantía de seguridad y el soporte Estatal al desarrollo de la cultura del agro es absolutamente necesario para la viabilidad y sostenibilidad del país, para su soberanía alimentaria y para alcanzar los objetivos del desarrollo, y que aquí la vida y el trabajo en el campo es una aventura tan riesgosa, insegura, incierta y de muy baja rentabilidad para quienes elegimos producir en las precarias condiciones del campo nacional.

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