Dumek y la pobreza

Dumek y la pobreza

Merece aplausos, lo que viene haciendo el alcalde en la construcción de la ciudad. Construyendo parques, escuelas y equipamientos, mejorando vías, renovando sectores deprimidos.  Asombroso por la sequía de obras públicas que tuvimos en las alcaldías anteriores, pero que en realidad eso es lo que tiene que hacer un buen alcalde.  

Pero a pesar de tanta cosa buena, Cartagena mantiene unos niveles de pobreza no solo aterradores sino vergonzosos. Y ningún gobernante ha querido atacar con determinación. Y no solo se hace combatiendo el hambre con los comedores comunitarios, entre ellos el que mantenemos sin ayuda estatal, en nuestra Fundación Corazón Contento. Sino que hay que enfocar la pobreza de otra manera a partir del adagio que dice que no hay que regalar el pescado sino enseñarlo a pescar.  

Mientras tanto la pobreza monetaria crece descomunalmente, las necesidades básicas insatisfecha son asombrosas, la desigualdad en coeficiente Gini sigue creciendo preocupante. ¿Somos acaso una ciudad de mentiras? 

No es posible que la ciudad donde se hacen jardines versallescos viva una ciudadanía donde cuatro de cada diez habitantes no pueden cubrir su canasta básica. Sin mencionar siquiera la pobreza monetaria extrema donde ciudadanos se van a la cama sin probar bocado alguno. ¿Somos acaso un falso positivo?

Que hay que hacer en esta ciudad indomable, difícil, con una población de origen afro con una actitud rebelde, que no acata normas, resentida por un pasado que hay que superar con un presente que necesita atención inmediata y soluciones reales en educación y empleos. Donde además seria relativamente fácil propagar la semilla del bienestar por la riqueza que presenta como ningún otro el territorio. 

Aplauso para Dumek, es mucho lo que está realizando, pero la próxima administración tiene que atacar denodadamente este problema que se ha vuelto endémico, y crece como una costumbre porque la población tiene enorme capacidad de soportarla. Nuestro plan de desarrollo tiene que ser muy diferente al de otros municipios por nuestra condición de ciudad afro.

Son varias las maneras de combatirla: Poner a marchar la enorme riqueza turística de la ciénega de la Virgen, vecina de un territorio muy promisorio donde precisamente se asienta la pobreza. A través de la normativa es posible quintuplicar el valor de la tierra, y convertir en propietarios ricos a sus habitantes mejorando los índices de construcción. Hay que sacar de la informalidad los pequeños emprendimientos, que son casi el 70%. Solo para dar un ejemplo; en el marcado Bazurto donde se mueve tanta riqueza, casi todos los negocios, incluida la oferta gastronómica llegan a tener una informalidad del 80 %. Hay que entender que la formalización y la contabilidad son la columna vertebral de la abundancia.

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