Los socialistas terminan buscándose entre sí en todos los rincones del poder corrupto. Aparecen invariablemente alrededor de tiranías miserables, estructuras criminales y negocios inconfesables mientras continúan pronunciando discursos sentimentales sobre «el pueblo», la igualdad y la justicia social.
José Luis Rodríguez Zapatero fue durante años uno de los grandes sacerdotes de esa superioridad moral progresista. Un cinco absoluto que solía repetir, con tono casi clerical, que los socialistas eran aquellos «que tienen poco y comparten mucho». Pues bien: terminó convertido, según lo que hoy investiga la justicia española, en pieza central de una gigantesca trama de corrupción conectada con la narcodictadura venezolana.
Posaba de mediador humanitario, aparecía hablando de democracia, derechos humanos y diálogo, mientras paralelamente ejercía como operador internacional del chavismo, el hombre encargado de legitimar en Europa al régimen criminal de Nicolás Maduro. Y no por convicción ideológica, que ya sería bastante grave, sino por dinero. Como un vulgar mercenario.
Todos los grandes escándalos de corrupción terminan resumidos en una imagen obscena. La familia Marcos quedó inmortalizada por la monumental colección de zapatos de Imelda. Los comunistas Ceaușescu serán recordados por los abrigos de piel de Elena mientras los rumanos hacían filas miserables para conseguir pan. Zapatero, por su parte, probablemente terminará asociado a la estrafalaria colección de joyas que le fue incautada en las últimas horas y cuyo valor, según algunas estimaciones, asciende a varios millones de euros.
Pero el plano estaría incompleto si no tuviera alguna «coordenadas» colombiana. EL socialcomunismo criollo, desde hace años, ve en Zapatero una especie de gurú internacional. Las fotografías de María José Pizarro junto al jefe socialista español son reveladoras y, digámoslo sin muchas vueltas, divertidísimas. Zapatero, coleccionista de joyas y Pizarro, técnica en bisutería. El pan y el hambre compartiendo un mismo destino.


Pero existe una fotografía todavía más asquerosa. Aquella en la que Zapatero aparece sonriente acompañado por Ernesto Samper, Roy Barreras, Iván Cepeda y algunos otros miembros de la patulea progresista colombiana. Una nauseabunda postal de familia del socialismo iberoamericano.
En medio del escándalo monumental que hoy rodea al viejo operador del chavismo, los grandes medios colombianos parecen sufrir un extraño ataque de timidez periodística. Nadie parece interesado en indagar por la cercanía política y personal que tantos dirigentes de la izquierda colombiana mantuvieron durante años con quien hoy representa acaso la expresión más acabada de la corrupción socialista internacional.

Zapatero no se hizo rico levantando empresas, produciendo riqueza ni construyendo nada legítimo. Su fortuna creció de manera proporcional a la tragedia venezolana. Se convirtió en el «portaestandarte» europeo de una tiranía que mató de hambre a millones de personas, destruyó uno de los países potencialmente más ricos de América Latina y expulsó generaciones enteras hacia el exilio y la miseria.
Y lo hizo por dinero. Exactamente igual a como actúan los aventureros políticos que terminan alquilando su conciencia al mejor pagador.
Publicado: mayo 27 de 2026
