Lo que acaba de estallar en Argentina no es un escándalo menor. Es la confirmación de algo que durante años muchos prefirieron ignorar: periodistas pagados por redes de inteligencia rusas para fabricar noticias, manipular la conversación pública y golpear al gobierno de Javier Milei. No es teoría. Es una operación de injerencia en toda regla.
Pensar que esto es solo un problema argentino es ingenuo o deliberado. Estas redes operan sin fronteras. Llegan, se infiltran y toman posición. Cuando salen a la luz, ya llevan años trabajando.
Colombia no está al margen de ese radar. La duda real no es si han llegado, sino hasta dónde han penetrado.
Porque aquí hay un dato que no se puede ignorar. Xavier Vendrell, asesor de cabecera de Gustavo Petro, fue señalado por la justicia española por su papel en la canalización de dineros rusos durante el proceso independentista catalán. No es un rumor. No es un ataque político. Es un hecho documentado y sobre el que este portal ha profundizado desde comienzos del año pasado.
A la luz de ese historial, lo ocurrido en Argentina deja de parecer distante. Empieza a encajar.
¿Ese mismo flujo de dinero no terminó financiando en Colombia a toda una maquinaria digital que durante años ha operado como brazo político del petrismo?
Hablemos claro. Influenciadores, «periodistas», tuiteros, youtubers. Todos alineados, empujando los mismos mensajes, atacando al mismo objetivo. Durante años han hostigado, amenazado, perseguido y liquidado moralmente a quien se les oponga.
El que crea que todo eso es espontáneo o fruto de la insatisfacción de un sector social, es estúpido, o cómplice.
Lo de Argentina acaba de mostrar cómo funciona ese engranaje. Hay dinero, estructura y dirección. Todo apunta a que los implicados en la trama, además de haber perdido su trabajo, pueden terminar, como corresponde, tras las rejas.
El problema, entonces, traspasa la frontera de la ideología para convertirse en algo mucho más grave: la muy posible injerencia de recursos extranjeros en la construcción del debate público colombiano.
Porque una cosa es tener activistas y otra muy distinta es tener operadores pagados por dineros de un gobierno extranjero. Y de confirmarse, eso tiene un nombre concreto: intervención.
Si el dinero ruso ya está enrasando la maquinaria petrista, entonces no hay mucho por explicar. Todo lo que se ha visto durante años –ataques brutales, persecuciones inclementes, destrucción de reputaciones– deja de ser espontáneo. Tiene dueño y tiene, cómo no, financiador.
Publicado: abril 8 de 2026
