Ante el gobierno más corrupto que haya existido, está el país político convertido en una selva y el escenario electoral en un zoológico. Invito a los lectores a una corta fábula que describe la naturaleza de la paloma, el caballo, el avechucho, el lobo y el tigre.
Del griego clásico en que se concibió la democracia fuente de la civilización occidental, surgió el latín donde “Columba” es paloma, genérico que destaca el femenino sin desconocer el masculino, y de allí viene Columbus, Colón en español, y de éste el nombre de Colombia o territorio de las palomas, símbolo del poder de la mujer y por tanto de ilusión y de esperanza.
La paloma ha significado la bondad, la libertad propia de la enseñanza de las aves que vuelan libres, porque piensan que pueden volar. La paloma ha sido a lo largo de la historia aliada de la humanidad, la mensajera que contra toda adversidad ha llevado en la distancia ideas, mensajes salvadores de vidas y factores de progreso que han saldado diferencias entre naciones desde la era en que no teníamos otra forma de comunicarnos.
La paloma encarna la orientación propia de la sabiduría de los seres que conocen el camino y siempre saben cómo volver al nido. Ha sido el animal que simboliza el bien y que encarna la espiritualidad por sus virtudes naturales, así algunos ilusionistas hayan tratado de apañarse de su imagen para vender la fantasía de una falsa paz, desconociendo que la convivencia es solo el justo resultado de la lucha contra las inevitables instancias del mal.
El caballo es el ser que se opone al fatídico símbolo del mal y la destrucción, está dotado de nobleza y fortaleza, que entregó al servicio y el desarrollo de la humanidad a lo largo de la historia ayudando al hombre a construir la civilización hasta la llegada del motor. El caballo simboliza el poderío y la medida de una infinita fuerza constructiva y transformadora gracias a la cual sobre sus lomos prosperaron las naciones. Su naturaleza representa la unidad y el equilibro dentro del deber ser y la legalidad.
El avechucho encarna la degeneración del imaginario demonio maligno que se apodera de la inseguridad de las personas y las engaña con falsas promesas a fin de que le vendan el alma y luego las condena a la miseria y la pobreza.
El lobo es un depredador astuto, frío, silencioso y violento que pertenece a la misma ralea de asesinos que siempre atacan en manada, y que como la taimada zorra se vale del engaño y la marrulla para entrar a destruir la existencia y el progreso de seres indefensos. Es así como la dialéctica demagógica propia del populismo embauca al ciudadano ingenuo o ignorante con el atraco que representan las promesas de espejismos e ideales como una paz que jamás se alcanzará, otorgando impunidad a terroristas disfrazados de humanistas.
El tigre es un depredador de innegable y destacada presencia entre todos los felinos que, por su naturaleza corpulenta, sus garras, colmillos y el tronar de sus rugidos, despierta tanto miedo como admiración, sin dejar de ser un peligroso y solitario cazador, que no, un protector ni defensor como los canes que vigilan y cuidan con sus vidas la casa donde les dan de comer.
Volviendo a la vida real, está Colombia abocada a atender a un show comunicacional que se difunde en los medios digitales, y está el país a punto de perder el “sistema operativo” que representa sus libertades ante la amenaza de una dictadura constitucional modelo SSXXI.
Los votos son el producto de las emociones, no les pertenecen a los políticos ni a los partidos que los canalizan, no son transferibles ni endosables de una elección a otra. Hay que trabajarlos para cada elección y se causan por convicción, engaño, pago o amenaza, pero solo existen en las urnas. Nadie los guarda en el monedero, son de los electores. Las maquinarias, los partidos y los políticos solo mueven el 19% de los ciudadanos que integran el potencial electoral. Ello confirma que el mercado a convencer de votar por el bien es el 81% decepcionado y hastiado con la politiquería, el clientelismo y la corrupción.
Moraleja: Debemos todos desde nuestros celulares hacer una gran campaña de unidad por la libertad, por los valores patrios, por poder elegir el bien y no el mal, comprendiendo que aún tenemos derecho a elegir el destino de la nación y determinar si queremos un país democrático donde podamos trabajar bajo el amparo de la justicia y la legalidad, evitando caer en la opresión propia del sistema totalitario neo-comunista controlado por las organizaciones criminales que viven del narcotráfico que solo corrompe y mata.
