¡Laus Deo!

¡Laus Deo!

Lo primero que debo comentar acerca de las elecciones del pasado domingo toca con que, en general, fueron pacíficas y transparentes, con resultados en principio tranquilizadores, gracias a Dios.

Insisto en que el que nos desgobierna y el senador que aspira a sucederlo en el cargo que indignamente ocupa son comunistas recalcitrantes que quisieran aplicar entre nosotros las fallidas y desastrosas ejecutorias del castrismo y el chavismo en Cuba y Venezuela. Así disimule su identidad ideológica, el Pacto Histórico es a no dudarlo un partido comunista que atrae a un significativo número de votantes que asciende más o menos al 25% del electorado. Puede ocasionar molestias, pero de suyo todavía no pone en severo riesgo a la institucionalidad democrática. Con ese volumen, parece poco probable que elija presidente en los próximos comicios, aunque no es bueno confiarse demasiado.

Lo ideal sería que las fuerzas partidarias de la democracia liberal se aliaran para contrarrestar la avanzada comunista, pero hay vanidades que lo impiden y hechos cumplidos que dificultan la unidad.

Así las cosas, la ciudadanía deberá escoger el 31 de mayo entre Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, así como entre un paquete de aspirantes liliputienses que harán ruido y posiblemente daño al escrutar los resultados definitivos.

Me parece oportuno insistir en que el debate no versa sobre una polarización entre uribistas y petristas, sino entre dos concepciones radicalmente opuestas acerca del régimen político, social y económico que debe imperar en el país. No es un tema de derecha, izquierda o centro, como equivocadamente lo creen algunos. La elección es entre democracia liberal y comunismo. Con éste no hay acuerdos posibles, porque su propósito es radicalmente antiliberal. En el interior de los partidarios de la democracia liberal pueden darse numerosos matices y siempre habrá posibilidades de entendimiento acerca de cómo gobernar. Pero con los comunistas las cosas son de otro cantar.

Vuelvo sobre el tema de Europa occidental en la segunda postguerra del siglo pasado, que obtuvo la paz política debido a que tanto la Democracia Cristiana como la Socialdemocracia estaban de acuerdo acerca de valores fundamentales heredados del pensamiento liberal. La confrontación entre una y otro ocurría dentro de ese marco axiológico, lo que hizo posible, por ejemplo, que en Alemania hubiera eventualmente gobiernos de coalición de ambos partidos o en Francia se diera la cohabitación entre el presidente Mitterrand y el Primer Ministro Chirac. Con los comunistas eso es imposible, pues no comparten los mismos valores básicos y buscan por distintos caminos imponer su ideología totalitaria y liberticida.

El ingenuo Fajardo se equivoca de medio a medio cuando aspira a convertirse en el fiel de la balanza entre lo que considera que son los dos extremos de la polarización que reina en la actualidad. Es curioso que desfogue su rabiosa inquina contra Abelardo y nada diga sobre los letales peligros que acarrearía un triunfo de Cepeda. Caso parecido es el de Oviedo, que dice que el debate se centra en una sola persona, la del que nos desgobierna, sin considerar un contexto bastante más amplio y complejo.

El fementido centro político que promueve la conciliación entre la democracia liberal y el comunismo no sabe en dónde está parado. La historia de cómo cayeron los países de Europa oriental en poder del comunismo después de la II Guerra Mundial es muy diciente. Algunos de ellos creyeron en las alianzas con los comunistas, que después los devoraron.

Como el senador Cepeda se formó en la Europa sojuzgada por el comunismo, sabe muy bien cuáles son las estrategias y los procedimientos adecuados para llevar a cabo sus arteros propósitos. A despecho de lo que afirma el desatinado Oviedo, en aquél se centre hoy el peor peligro que rodea a la institucionalidad colombiana. No hay que ignorarlo. Abramos bien los ojos.

Saludo con efusividad la acertada vinculación de José Manuel Restrepo a la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella. Hace algunos meses me permití recomendarlo para la presidencia. Les deseo el mejor de los sucesos para bien de nuestra amada y sufrida Colombia.

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