Sin mezquindades ni cálculos menores. La oposición debe volcarse a las urnas. Según el consejo electoral colombiano, hay cerca de 41.3 millones de personas habilitadas para ejercer el voto.
Según las estadísticas, en las últimas tres elecciones de congreso, la abstención ha oscilado entre el 52 y el 57%. Con un promedio del 54%, se puede estimar que el domingo votarán alrededor de 19 millones de ciudadanos.
Los objetivos son claros para la oposición. Lo primero, que la consulta en la que participa Paloma Valencia, obtenga cerca de 6 millones de votos. No es una meta fácil de alcanzar, primero porque los integrantes de esa coalición no son grandes movilizadores de electores. De los 9 precandidatos, sólo una, Paloma, tiene el respaldo de un partido sólido con listas fuertes para el Senado y la Cámara de Representantes. El segundo factor es la campaña que se promueve desde la candidatura de Abelardo De La Espriella para que no se participe en la misma.
Sería un error desconocer que De La Espriella ha logrado conquistar un sector muy importante de los antiguos votantes uribistas que ven en él a un inmejorable representante de sus ideas.
Otro elemento importante de estas elecciones es la presencia del presidente Uribe en el renglón 25 de la lista del CD al senado de la República. El Centro Democrático nació en las elecciones de 2014. Irrumpió en el panorama político colombiano con 20 senadores. Cuatro años después, bajó a 19 y en 2022 sufrió una debacle, al alcanzar únicamente 14 escaños.
La meta de ahora es muy ambiciosa e implica aumentar por lo menos once curules para lograr que el presidente Uribe vuelva a ser senador. No en vano, hasta su hijo Jerónimo advierte la posibilidad de que esta sea la primera derrota electoral que sufra el doctor Uribe Vélez en su larga carrera política.
No hay una sola elección que él haya perdido. En los años 90 del siglo pasado, las dos veces que aspiró al senado, alcanzó el objetivo. Luego, se lanzó a la gobernación como disidente liberal y derrotó tanto al oficialismo de su partido, como a la otrora poderosa maquinaria conservadora que dirigía Fabio Valencia Cossio.
Su elección y reelección presidencial marcaron un hito. Ha sido el único presidente elegido –en ambas ocasiones– en primera vuelta. La primera vez, superó el 53% de los votos; cuatro años después sacó más del 62%.
No es fácil predecir cuál será el resultado del CD en las elecciones del domingo. Pero sería una verdadera sorpresa que alcanzara a elegir al presidente Uribe. Esa es una razón de más para que los uribistas, en aras de rendirle un homenaje al hombre que no ha desfallecido en la lucha por la salvación de su país, concurran masivamente a votar por él.
No obstante, hay muchos electores que se encuentran en un dilema. Admiran y siguen a Uribe, pero a la vez observan con esperanza e ilusión la posibilidad de que el movimiento de Salvación Nacional, partido fundado por Álvaro Gómez Hurtado vuelva a tener presencia en el Congreso de la República.
No es un secreto que, entre el CD y Salvación Nacional, habrá una suerte de canibalismo electoral, puesto que el nicho fundamental de los herederos del alvarismo es el uribismo que durante décadas enarboló buena parte de sus ideas.
Pero más allá de las sumas y restas, lo esencial es que la oposición sumada dé una muestra de fortaleza electoral. En tantos más votos logren cautivar los diferentes candidatos y las distintas listas al Congreso, menos fácil le será al régimen socialcomunista de Petro la perpetuación en el poder.
Publicado: marzo 5 de 2026
