La nueva arbitrariedad del magistrado Reyes

La nueva arbitrariedad del magistrado Reyes

Hay personas cuya trayectoria deja preguntas abiertas; hay otras cuya actuación reiterada termina dibujando un patrón inquietante. El nombre del magistrado César Reyes Medina pertenece, desde hace años, al segundo grupo. Su papel en uno de los procesos más nauseabundos de la historia reciente del país, el del expresidente Uribe, lo convirtió en una figura profundamente cuestionada. En aquella investigación, Reyes no actuó como magistrado neutral, sino como arquitecto y ejecutor del más burdo montaje judicial de que haya memoria. Ese antecedente no es menor. Es el telón de fondo desde el cual hoy debe leerse su conducta frente a la magistrada Cristina Lombana.

Lo que Lombana ha sufrido no es una controversia normal entre colegas. Es una persecución prolongada desde múltiples ámbitos: laboral, institucional, personal y reputacional. Ha sido acosada, maltratada, hostigada de manera sistemática, y finalmente atacada mediante sindicaciones temerarias lanzadas en los peores términos, sin prueba alguna que las respalde. Cesar Reyes ha querido acabar con ella al precio que sea.

El extremo más grave de esta ofensiva ha sido la presentación de supuestos correos electrónicos falsificados, utilizados como munición principal para intentar lesionar el buen nombre de la magistrada Lombana. Cuando un magistrado acude a documentos de origen dudoso para construir una acusación, ya no estamos frente a operador judicial, sino ante un sicario moral de la peor calaña.

Reyes puso en marcha una estrategia de linchamiento institucional. Cristina Lombana está siendo víctima de una práctica de desgaste que no apunta a probar nada, sino a instalar sospechas. Hay un abuso de poder dirigido a intimidar, a someter, a erosionar la autoridad moral de esa valiente togada cuya trayectoria ha sido, precisamente, la del rigor jurídico y el respeto absoluto las normas legales y el código de conducta moral. 

Resulta imposible no advertir la concordancia entre este comportamiento y la imagen pública que desde hace años rodea a Reyes Medina: la de un funcionario que no actúa desde la luz de la imparcialidad, sino desde el sótano de la corrupción, las componendas y los amaños. Hay trayectorias que generan confianza; hay otras que generan temor. La de Reyes Medina ocupa un lugar privilegiado en la segunda categoría.

Respaldar a la magistrada Cristina Lombana es hoy una exigencia moral del Estado de derecho. No por simpatías personales, sino porque lo que se está defendiendo es algo mucho más amplio: el principio de que nadie puede ser perseguido desde el poder mediante la calumnia, el montaje o el descrédito sin pruebas. Cuando esa práctica se normaliza dentro de la justicia, la ley es desplazada por la confrontación ideológica. Y es bien sabido que Reyes es un sucio militante de la extrema izquierda. 

El acoso laboral dentro de un órgano judicial es una forma de violencia silenciosa. No deja heridas visibles, pero destruye el equilibrio psicológico, afecta la independencia funcional y degrada la deliberación colegiada. La justicia no puede operar bajo el terror que producen las trapisondas que tanto seducen a Reyes Medina. 

La grandeza de la magistrada Lombana ha sido no callar. Defender su honra no es un gesto de vanidad: es una forma de proteger la dignidad de la justicia misma. Porque cuando una magistrada permite que la infamia se acumule sin respuesta, no solo cae ella: cae el cargo, cae la institución, cae la credibilidad del sistema.

La pregunta de fondo es simple: ¿La cuestionada comisión de acusaciones, juez natural de los magistrados, va a guardar silencio frente a los abusos de Cesar Reyes? La respuesta debería ser un no rotundo. La justicia colombiana no goza de mucha credibilidad. Las altas cortes son vistas con recelo. El grueso de los magistrados, son vulgares mercaderes. Una de las pocas togadas que goza de credibilidad por cuenta de su verticalidad, es, precisamente Cristina Lombana. En consecuencia, mal harían los congresistas encargados de investigar a Reyes al no imponerle una severa y ejemplarizante sanción. 

Hay jueces que encarnan la justicia; hay otros que encarnan su negación. Cuando el poder se usa para acosar, perseguir, maltratar y fabricar acusaciones, deja de ser poder judicial y se convierte en poder abusivo. Y frente a eso solo cabe una postura: respaldo pleno a quien hoy resiste desde la dignidad.

Respaldar a Cristina Lombana es respaldar la idea misma de justicia.

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 11 de 2025