El atentado contra Miguel Uribe Turbay, ocurrido hace dos meses en Bogotá, no es solo una tragedia en lo personal, sino también un reflejo de la violencia política que, lamentablemente, ha ganado terreno en Colombia. Y si bien los autores materiales de este crimen deben ser castigados con la mayor severidad, lo cierto es que existe un responsable político que ha jugado un papel fundamental en este escenario de odio y violencia: Gustavo Petro. Su discurso agresivo, cargado de ataques personales, infamias y señalamientos contra Uribe, ha creado un caldo de cultivo donde el extremismo encontró la justificación para actuar.
Es claro que, al atacar de manera virulenta a Miguel Uribe y a otros miembros de la oposición, Petro no solo descalifica a sus adversarios, sino que también fomenta un ambiente en el que la violencia parece ser una opción legítima. De la boca de Petro salió la bala que hoy sigue atravesando la vida de Miguel Uribe, quien, dos meses después, sigue luchando por su vida. El presidente, con su actitud beligerante, no ha mostrado el más mínimo respeto por la víctima. La situación de Uribe, lejos de ser un motivo para el lamento o la reflexión, ha sido utilizada como una excusa para seguir atacando. La perversidad de Petro al tratar de utilizar el sufrimiento de su oponente para sus propios fines políticos no tiene nombre.
Recientemente, a través de un post en sus redes sociales, hizo una declaración que, lejos de mostrar una verdadera preocupación por el bienestar de Miguel Uribe, dejó en evidencia su impostura. Escribió: «El senador Miguel Uribe Turbay es hoy, antes que nada, un ser humano vivo; en su estado, no debe ser manipulado por nadie. Se trata de lo fundamental: la dignidad humana». Estas palabras, aparentemente empáticas, esconden una perversidad que no se puede pasar por alto. Si de verdad le importara la dignidad humana, ¿cómo es posible que haya llevado a cabo una campaña de ataques tan despiadada contra Uribe y la oposición? ¿No es acaso la dignidad humana el primer principio que debería guiar sus actos como presidente, especialmente cuando se trata de quienes piensan diferente a él? La realidad es que Petro solo está tratando de desviar la atención y seguir usando a Uribe como un chivo expiatorio en su guerra política.
Este tipo de declaraciones no son más que una burda manipulación. En lugar de respetar el dolor y el sufrimiento de la familia Uribe, Petro lo utiliza para intentar consolidar su imagen como un defensor de la dignidad humana. La hipocresía no podría ser más evidente. Petro está aprovechándose de la vulnerabilidad de su oponente, en un intento desesperado de ganar capital político a costa del sufrimiento ajeno.
Sin embargo, el hecho de que haya hecho uso de este atentado para seguir atacando, no debe desviar la atención de lo que realmente importa: la vida de Miguel Uribe y su derecho a recuperarse en paz. Las corrientes de oposición tienen que ser conscientes de esto. En lugar de utilizar este atentado con fines políticos, deben mantener la prudencia, respetando la dignidad de Miguel Uribe y de su familia. Es fundamental que, como cristianos, ofrezcan oraciones y apoyo en silencio, sin alardes ni manifestaciones públicas. La situación de Miguel es delicada, y lo que menos se necesita es politizarla aún más.
El momento exige discreción, mesura y consideración. Las redes sociales no deben ser el lugar para hacer de este atentado una herramienta de lucha política. Las declaraciones públicas deben evitar caer en la tentación de buscar réditos políticos inmediatos. La vida de Uribe y su recuperación deben ser lo más importante en este momento, y solo en el silencio humilde se puede manifestar solidaridad verdadera. Nada más. No es un momento para el protagonismo, ni para la demagogia.
No obstante, esto no significa que la oposición deba guardar silencio frente a la violencia política oficial que se está registrando en el país. No se debe ni se puede permitir que la vida de los contrarios al régimen siga siendo puesta en riesgo por quien ejerce el gobierno de ese país. Es imperativo que se exijan las condiciones mínimas de seguridad para todos los ciudadanos, particularmente de quienes tiene la valentía y la entereza de enfrentarse a la corriente narcosocialista que está en el poder.
Las fuerzas políticas deben levantar la voz, de manera firme y clara: que no se siga disparando contra la oposición. Que el presidente y su entorno comprendan que la democracia no se construye sobre la base de la persecución. No es posible que los dirigentes que critican al régimen se vean expuestos a amenazas o incluso a atentados. Es hora de exigirle a Petro que deje de usar su retórica incendiaria y comience a respetar la dignidad humana de todos los colombianos, empezando por la de aquellos que no temen en enfrentarse a él y a sus aliados terroristas.
No se puede seguir tolerando que un presidente utilice su poder para destruir la oposición, ni que se sigan impulsando acciones de violencia por motivos ideológicos.
La violencia no puede ser una constante, y la responsabilidad de Petro en este contexto no puede ser ignorada. Es necesario que se le pida cuentas por las consecuencias de sus palabras y acciones.
Lastimosamente, Petro, esa fiera forjada en el crimen y en las sombras del narcotráfico y el terrorismo, no es un hombre que se digne a reflexionar sobre las consecuencias de su lenguaje incendiario y su actitud beligerante. En lugar de una autocrítica, de él sólo puede esperarse lo contrario: un recrudecimiento de sus sucia campaña de odio, de persecución y de violencia. Este sujeto, respaldado por los sectores más oscuros de la criminalidad organizada, no tiene la capacidad moral de detenerse en su escalada autoritaria. En lugar de buscar la reconciliación o el respeto por la vida humana, Petro –un drogadicto decadente– optará por arrojar más leña al fuego, arremetiendo con más virulencia contra aquellos que se atrevan a enfrentarlo, con la única finalidad de silenciar a la oposición por cualquier medio: a balazos como ocurrió con Miguel Uribe, o con carcelazos fruto de montajes judiciales, como es el caso del expresidente Álvaro Uribe Vélez.
@IrreverentesCol
Publicado: agosto 11 de 2025
